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martes, 10 de noviembre de 2009
Puntadas Ch (con hilo). Un nuevo partido político islámico. ¿Para integrarse o separarse?
Mi intención al utilizarlo es la de resaltar el indeseable desarrollo burocrático que vienen teniendo los partidos políticos. Hablo del aparato de los partidos, esa especie de politburó –“el gueto de los dioses”-. El filósofo de la política Gustavo Bueno dice que “la partitocracia constituye una deformación sistemática de la democracia. Cada partido tiene sistemáticamente que atacar al otro”. O sea, es lo contrario del pensamiento liberal ya que, de hecho, son esas oligarquías partidistas la que asumen la soberanía efectiva. Lo curioso es que cuando dentro de un partido hay gresca, lucha por el poder, se imponen leyes de silencio, otros le llaman olla de grillos, el líder supremo no se corta y lanza la amenazante advertencia de que es él quién decide los que irán en las listas. O aquella otra, tan famosa de, “quien se mueva no sale en la foto”. O sea que, está claro.
A lo que iba. Hace unos días ABC publicó un artículo por el que informaba a sus lectores que a principio de este año, segundo de la primera crisis del siglo XXI, se había fundado un nuevo partido en Granada –donde todo es posible- llamado PRUNE, o sea, Partido Renacimiento y Unión de España. Los nombres de los partidos casi siempre guardan mensajes encriptados, de forma cínica. Por ejemplo, pensemos en la extinta RDA, o sea República Democrática Alemana, de la que tanto se está hablando estos días en los que se conmemora el vigésimo aniversario del derribo del “dique de contención” ( Prof. Florentino Portero dixit), vulgarmente conocido como “caída del muro”, de tan enigmática caída. Hasta los alemanes lo han adoptado, “mauerfall”. Después de pensarlo, ¿verdad que provoca una sonrisa lo de Democrática? Pero claro, ¿quién se atreve a no auto colgarse la medalla de la democracia? ¡Pero si hay quien dice que la ONU es la sede de las democracias! Es verdad, allí las decisiones las toman a mano alzada, guardando literalmente las formas. Incluso en el Consejo de Seguridad, de los que 5 de sus 15 componentes son permanentes y tienen derecho de veto –estigmas de la vieja pernada-. Hay que reconocer que, casi en todos sitios, el ceremonial democrático ante las cámaras es perfecto.
Perdón, vuelvo al PRUNE de Granada. Este partido está promovido por un tal Mustafá Bakkach, del que los medios dicen que es un “hombre próximo a Rabat”. Su objetivo es alcanzar la cifra de 1.300.000 afiliados musulmanes. Según declaran, nace con la intención de representar a todos los musulmanes de España, antigua Al Ándalus. Además es el primero con esa vocación. Sin embargo, con mucha vista, dejan una puerta entre abierta aquellos inmigrantes que “puedan sentirse desamparados del Ejecutivo de Zapatero”, aunque no sean musulmanes. Su argumento para tal apertura es muy campanuda: “Aunque los políticos españoles digan que quieren apoyar a esa gente, ¿cómo pueden hacerlo bien si ellos nunca han emigrado y sus hijos tampoco?”
En un arrobamiento de elocuencia, no ocultan que “la base de sus principios” están inspirados en el Islam. Ante tal manifestación y previendo que algunos candidatos a enrolarse conocieran las bases de tal inspiración, aseguran que no contradice el cumplimiento de la Constitución, así como que rechazan el terrorismo como medio de hacer política. Dicho está.
Al parecer el nuevo partido islámico, que aspira a tener una amplia representación en 2011, ha iniciado su andadura con buen pie. Además de Granada, ya tienen sede abierta en Asturias, a las que se sumarán pronto, si no lo están ya, las del resto de Andalucía, Madrid, Cataluña, Extremadura, Valencia y Murcia. Dicen que algunos miembros del Gobierno no esconden su preocupación de que puedan predicar la no integración en partidos infieles. La verdad es que todo son circunspecciones, reservas, posiblemente injustas. Naturalmente ellos aseguran, a quienes las manifiestan, que no será así. De momento cabe hacerse una pregunta de cajón: qué pasará en aquellos municipios donde se sabe que serán mayoría, ¿impondrán las bases de sus principios islámicos en los consistorios y a la ciudadanía gobernada, no creyente?
Debo decir que ha sido la lectura, hoy, de un artículo en el Washington Post, del acreditado columnista Eugene Robinson titulado Failing the troops at Fort Hood. Hay que decir que Robinson es un afroamericano, pero no dice cuál es su religión, ni falta que hace. Su artículo gira en torno a la disputa que se ha formado en USA por el caso del siquiatra musulmán, mayor de las fuerzas armadas americanas, Nidal Hasan. Como seguramente muchos de vosotros recordareis, el pasado día 7 del presente, se produjo un tiroteo en la base del ejército americano de Fort Hood, en Tejas, donde el mayor Hasan, como se ha dicho en funciones de siquiatra, mato a 13 de sus compañeros resultando el mismo herido muy grave de cuatro balas.
Las preguntas que se hacen en la América de Obama es, ¿por qué el militar musulmán agredió de la forma que lo hizo a sus compañeros de armas? Naturalmente lo primero que salta a la vista es su religión musulmana. Y rastreando los del WPost han descubierto que Hasan tenía relación con un imán nacido en América, que predicaba en la mezquita de Virginia (este), y al parecer ferviente simpatizante de Al Quaeda. Para empezar, con estos datos el conflicto está abierto, lo que ha echado a rodar todo tipo de opiniones de muchos insensatos, sin haber reflexionado en profundidad sobre el caso. Sobre todo teniendo en cuenta que son miles los soldados americanos que profesan la religión musulmana.
No voy a repetir, ni siquiera glosar, la interesante reflexión que sobre el caso hace el citado afroamericano Eugene Robinson, buena ilustración de lo que sensatamente se debe hacer cuando se produzcan casos similares. Para facilitarles las cosas a los interesados, basta con hacer clic sobre el título resaltado del artículo, citado más arriba, para que se abra en pantalla el artículo en cuestión.
martes, 3 de noviembre de 2009
Una del oeste. El gatillo fácil de McComplej. El tiroteo en el Spanish Corruption Saloom.
Vamos al cine. Imagínense ustedes a un fantasmón, con su sombrero tejano a lo Zelaya –estos son tiempos de las zetas-, con mucha pose, con fingido aire de hombre tranquilo –like a quiet man-, entrando en el Spanish Corruption Saloom. De una ojeada, descubre, en el extremo izquierdo de la larga barra a McMaton, el verdadero enemigo de cada ocasión, el causante de todos sus males, el de los nervios de acero, con la risita siempre puesta, al que siempre le rodean cuatro o cinco figurones/as artificiosos de rudos, cursis, que hacen, de acuerdo con la norma de la casa, risitas de ambiente.
El disco duro de McComplej -porque el fantasmón que entraba en el saloom era McComplej- trabaja rápido, y de un vistazo reconoce, en el otro extremo derecho de la barra, a su víctima propiciatoria. Los riesgos están calculados. Todo tiene que ser muy rápido. Porque la víctima, indefenso pajarillo, no tiene peligro. Pero se merece un castigo ejemplar por presumir de desobediente. Ya lo veo, pensó McComplej, es ese, con cara de niñato consentido que está detrás de McCoutry, uno de mis jefes de zona. Y sin pensarlo dos veces, ¡pum!, un certero disparo, entre ceja y ceja. A la víctima no le dio tiempo ni de sorprenderse.
Los murmullos del saloom, siempre ensordecedores, cesaron de golpe. El silencia se mascaba. El del “gatillo fácil” enfundó solemnemente el revólver humeante, diese media vuelta y fuese del saloom, con solemnidad bien estudiada, mientras le daba una calculada chirigota al ala delantera de su sombrero tejano, tipo Zelaya. ¿Pero qué ha hecho ese?, se oyó en el saloom una única voz que salía de la masa de clientes, en medio de un silencio espeso. En realidad esa era la misma pregunta que todos se hacían. Después, poco a poco, se fue recuperando el ambiente, hasta que el murmullo se hizo otra vez ensordecedor.
Las miradas se fueron posando, con malsana curiosidad, en el jefe de la víctima, McCountry, como esperando alguna reacción lógica. Como se ha dicho, McCountry estaba simétricamente situado al otro extremo de la larga barra en la que se hallaba McMaton y justamente delante, cuerpo a cuerpo, de la víctima. Pero su cara no reflejaba tensión, mejor diríamos, no reflejaba nada. Parecía un busto romano, quieto pero digno.
Fuera, estaban esperando la consumación de la gesta los/as pelotas de turno, los que le habían acompañado hasta la puerta de vaivén del saloom para darle ánimos al jefe. En cuanto lo vieron salir rompieron a aplaudir con entusiasmo: “Así se hace jefe. ¡Bravo! Ya era hora”. ¿De qué? Preguntó uno que casualmente pasaba por allí en ese momento.
Dentro, el de los nervios de acero, el castigador, no movió ni un músculo de su cuerpo, ni siquiera cuando McComplej inició el movimiento de desenfundar el revólver –por si acaso-. Para McMaton, McComplej era un tipo previsible y sabía, por experiencia de años, que nunca sería capaz de enfrentársele con hechos; aunque de boquilla casi siempre le ganaba. Si bien, últimamente, a fuerza de repetir el soniquete, al personal le sonaba a música celestial. McMaton ya conocía el percal. De todos era sabido que, en realidad, a su enemiga más odiada, la rubia L’Aguir, a la que jamás haría frente cara a cara, tan peligrosa, dominadora del miedo como un torero.
¿BabyCoast, el niño de las risitas con cara de consentido? La víctima. ¡Puaff! Eso estaba mascao. No pasa nada. Su jefe de zona, McCountry, es un astuto suavón, pancista, que va a lo suyo, a la poltrona; no dirá nada. Ah, pero en cuanto LoloCoubguill es otra cosa; estos individuos siempre son útiles para cumplir misiones “delicadas”; obedecen ciegamente. Es un magnífico sicario, inconsecuente y servil, ciega herramienta de su fiel protector, AlGallant, el de los ánimos oscilantes. Con el que por cierto, yo y los míos, nos entendemos suficientemente bien. Más temprano que tarde, seguía pensando McMaton, cumplirán su misión de aniquilar a esa odiosa y molesta vampiresa que, por la noche, en vez de besar muerde. Y después….irán a por McComplej. Perfecto. Y yo, luego, a por el fachendoso AlGallant.
Estas reflexiones la hacia McMaton, inclinado, con los codos apoyados en la barra, mientras le daba vueltas al vaso de whisky, mirando fijamente al fondo, ya casi vacío. Una de sus compañeras, la que estaba a su lado derecho, le dio un codazo al tiempo que le preguntaba: ¿qué te parece jefe? Chiss. Tenemos que aparentar que that isn’t our business, but todo esto trabaja a nuestro favor, jajaja. Chiss, dijo poniéndose el dedo índice sobre los labios, mientras la miraba sonriente. Años tendremos, le dijo McMaton, y se bebió de un trago el poco wisky que le quedaba en el vaso.
Entre tanto, los pensamientos de McComplej sobrevolaban jubilosamente, mientras se alejaba del saloom, cuyas puertas de vaivén seguían abanicando el aire caliente de aquel impropio día de octubre. A su alrededor, los suyos seguían jaleando su bizarría. Espero, pensaba McComplej, que este “escarmiento” en el saloom, a la vista de todos, acallará a esos que me critican, que me llaman maryweak, y cosas así, al no ser capaz ni de dar un puñetazo sobre la mesa. ¡Ahí queda ese niñato, BabyCoast! Para que vayan tomando nota esos que van por las esquinas pintando monas.
Ya sé que su hermano, OldCoast, seguía pensando McComplej, se moverá por los mentideros diciendo que no soy un verdadero jefe, que sólo me atrevo con los débiles. Jaja. Ese no tiene nada que hacer, como otros de la vieja guardia, los de las zetas, y demás; están acabados. Ya tú verás, impía L’Aguir, la que te espera con AlGallant y LoloCoubguill. Acabarán contigo. Jaja. Además, tengo ahí a mi Blanky, que por cierto, cada día está más… bienhechora, que me saca de todos los líos.
Segunda parte: la crítica cinematográfica.
No, no estoy de acuerdo con que McComplej sea un hombre manso; es un débil. Dé-bil. No hay que confundir los papeles. No hablemos de ganaderías; esas alusiones chuscas a cornamentas y ganado vacuno hay que dejarlas para los chusmetas como Respipin el ingenioso. La mansedumbre es una cosa muy seria, es una norma de acción y de eficacia y no virtud de débiles. GCooper sí podría representar al hombre pacífico, manso, pero seguro para andar por las dificultades de cualquier O.K. Corral.
McComplej nunca podría ser un hombre manso, no va con su carácter. Y se ha dicho, es débil. Porque la mansedumbre es el arte de saber perder para ganar lo que no se debe ni puede perder. Un hombre manso puede ser árbitro de la libertad. Y este McComplej nunca será árbitro de libertades, sino de intrigas y renuncias.
Por tanto, McComplej nunca podría hacer el papel de un hombre manso a lo GCooper (Cloak and dagger). Porque el personaje GCooper tiene una virtud operativa, dinámica y no una mera condición natural, superadora de las malas artes del orgullo (Man of the West, Along came Jones). Los pacíficos, los mansos, como el personaje GCooper, fomentan la libertad y la dignidad humana. La síntesis del personaje GCooper está en que domina el arte de esperar (The Hanging Tree). Además, ¿no es la mansedumbre el camino para la posesión de la tierra?
En la noche de Halloween de 2009
Ficha técnica
Personajes por orden de aparición: McComplej, McMaton, McCoutry, L’Aguir, BabyCoast, LoloCoubguill, AlGallant, OldCoast, Blanky y Respipin.
martes, 20 de octubre de 2009
Barack Hussein Obama y sus dos grandes logros: Jack y Squat
Para empezar, debo descubrir que estoy hecho un lío con lo del Premio Nobel de la Paz. Según el testamento del sueco Alfred Nobel, este premio fue instituido para honrar y premiar “a la persona que haya trabajado más o mejor a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la promoción de procesos de paz”. Teóricamente está claro. Entiendo que lo que se premia es ejecutoria, hechos realizados verificables. Pero en el caso de Obama parece que se premia a las intenciones. Debe ser que como este premio se otorga en Oslo (Noruega), a diferencia de los otros premios que se entregan en Estocolmo (Suecia), los primeros tienen una “sensibilidad” especial.
Ciertamente, otorgar un premio, aunque sea a científicos cuyo currículos sean más o menos verificables por sus publicaciones y los correspondiente registros universitarios, siempre es difícil. Pero hay que reconocer que lo del Premio de la Paz tiene enjundia. Ya lo decía Cole, -el de la Historia del Pensamiento Socialista-: “ninguna idea o sistema importante puede ser definido exactamente”. No es que quiera justificar el desconcierto que produce la biografía de los galardonados a tal honor, La Paz, en los últimos años tan llenos de sobresaltos.
El Premio Nobel de la Paz empezó a otorgarse a partir de 1901 con el suizo Jean Henri Dunant, por sus trabajos en pro de la creación de la Cruz Roja. Desde entonces, hasta nuestros días, el Premios de la Paz ha quedado desierto una veintena de veces. La última vez que quedó desierto fue en 1972. Desde entonces hasta el de Obama, siempre se ha otorgado sin pausa. Nunca había habido un periodo tan largo de galardonados sin interrupción. ¿Quiere decir que en estos casi últimos 40 años proliferan los hombres –no hay mujeres en la lista- de paz? Mi madre decía que cuando se habla mucho de la paz es porque está cerca la guerra. La descripción en la historia de los Tratados de Paz abundan tanto como los de las Guerras. Van emparejados, y siempre después de la guerra de turno. Ya lo decía Napoleón “la primera virtud es la devoción a la patria”, y claro por la patria, todo, la muerte, la guerra.
Citas de grandes escritores o pensadores hay para toda ocasión. Pero resulta especialmente copioso el apartado dedicado a La Paz. La de Cicerón es paradigmática: “Si deseamos la paz, hemos de mantenernos bien armados. Si deponemos las armas nunca gozaremos de la paz”. En la misma línea se manifiesta Cervantes: “Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida”. Ciertamente la mayoría de las citas tienen este soniquete, o sea, “el imperio de la paz” de Napoleón III. O sea, siempre después de haber aniquilado al oponente. Así las cosas, estaríamos de acuerdo con Tácito: “Hacen un desierto y lo llaman paz”.
Es cierto, lo dicho más arriba destila pesimismo. También puede parecer un debate dialéctico contra la ministra Carme Chacón y sus misiones de paz. ¿Pero acaso tenemos motivos para estar optimistas después de un siglo XX como el que acabamos de dejar, y comprobar que el que ahora hemos inaugurado es más que inquietante? ¿Alguien sabe cuántos conflictos armados –lenguaje de la ONU- hay en estos momentos en el mundo? Las diferentes estadísticas, sean oficiales o de ONG, no se ponen de acuerdo. Pero son muchos. También son muchas las dictaduras que se sientan en las comisiones de derechos humanos de la ONU, incluso, en su riguroso turno, las presiden.
Es posible que todo lo anterior sea un circunloquio que hago para poder entender la coherencia de los currículos de los primeros presidentes norteamericanos galardonados, más arriba citados, y la naturaleza del galardón. Roosevelt, el gran “rough rider” –nombre del 1er Regimiento de Caballería Voluntarios durante la guerra Hispano-Estadounidense-, el conquistador de Guantánamo, intervencionista en Sudamérica, cuando convenía, el gran acusador a España por lo del Maine, que le dio gran popularidad para ser elegido. Quiero decir, con admiración, que Roosevelt ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido Estados Unidos de Norteamérica para sus intereses y crecimiento, por tantas y tantas cosas que no cito, pero que son conocidas, como es el caso de la creación de los grandes parques nacionales, que tantos imitadores ha tenido por todo el mundo.
Y qué decir de Wilson, otro gran intervencionista –otros los llaman imperialistas-, con su ciertamente característico espíritu wilsioniano de política exterior, que propugnaba apoyar, en los países “clave” para Estados Unidos, aquellos gobiernos catalogados como “buenos”. Su intervención en Sudamérica fue notoria; invadió México, Haití, la República Dominicana, que estuvo a punto de ser anexionada. Implantó la Ley Seca y la jornada de 8 horas de trabajo, gran cosa. Aunque algo tarde, su decisión de “intervenir” en la Primera Guerra Mundial fue ciertamente determinante para alcanzar la Paz de Versalles, como dije más arriba, los tratados de paz siempre después de una Gran Guerra.
También le acreditan sus famosos 14 puntos de la “paz americana”, entre los que estaban el germen de la creación de la Liga de la Naciones, antecedente de la Sociedad de Naciones, antecedente de las Naciones Unidas, que desgraciadamente habría que refundir nuevamente, dada la, en mi opinión, inutilidad en la que ha degenerado la ONU después de la Segunda Guerra Mundial. En este caso, en Wilson, bien hallado el galardón, incluso con sus claro obscuros. Evidentemente, en la ocasión de Wilson, el Comité del Nobel de la Paz en Noruega no premiaba futuribles, como ha sido el caso de Obama.
Entre las distintas fuentes de información que utilizo para mantenerme informado de lo que pasa y se dice en tan, para mí, interesante y admirado país, está una publicación digital que se llama Personal Liberty Alerts, que dirige Bob Livingston. Puntualmente, una o dos veces por semana, recibo una crónica ilustrativa y clarificadora de los acontecimientos que los medios tradicionales, de afinidad demócrata o republicana, nos cuentan a su aire. En esta ocasión quiero glosar una artículo titulado Innoble Barack’s Award, firmado por Chip Wood, un acreditado editor de libros sobre temas de rabiosa actualidad como es el caso de Crisis Investing.
Para arrancar con su artículo, Chip Wood aprovecha la parodia que hizo el actor Fred Armisen en un conocido programa sketch llamado “Saturday Night Live (SNL)”, precisamente 3 días antes del otorgamiento. Wood transcribe parte del sketch con cierto detalle, en un tono mezcla de humor ácido y cinismo, aunque también es posible encontrar el video en Youtube, entre otros miles de videos semejantes, todos muy críticos, sobre Obama.
Aparece el actor Armisen travestido de Obama dando uno de sus sobrios discursos delante del público americano, donde decía, más o menos: “Son los de derechas las enojadas. Creen que estoy convirtiendo a este gran país en algo que se asemeja a la Unión Soviética o la Alemania Nazi. Pero eso no es verdad.” Mientras hablaba el clon de Obama salía en una pantalla virtual una lista móvil de promesas tales como: el calentamiento global, la reforma migratoria, los homosexuales en el ejercito, los límites del poder de los ejecutivos, la tortura de presos, el cierre de Guantánamo, la retirada de Irak, la reforma sanitaria, y así sucesivamente.
Entre tanto Armisen se preguntaba “¿Qué ha hecho nuestro presidente para merecer ese Premio Nobel de la Paz después de casi un año?” Contesta Armisen travestido de Obama, ¡Nada! Pero recuerden, continua Armisen, o sea, Obama, “Yo puedo hacer lo que quiera. Tengo mayoría en las dos Cámaras del Congreso. Yo podría hacer obligatorio que todos los homosexuales se casasen y exigir que todos los coches funcionen con marihuana, ¿no? ¡NO!” Luego Armisen se quedó mirando su lista en la que aparecen dos nuevos logros, dos palabras, y dice: “Pero mirando atentamente esta lista veo aquí dos grandes logros: ¡Jack & Squat! Así terminó el sketch de Fred.
Ante este final me quedé como cuando te cuentan un chiste en inglés, con abundantes palabras slang; no entendí nada. Me pregunté, ¿dónde está la gracia? Me acordé que Google no suele defraudar y busqué uno de esos diccionarios urbanos que se ofrecen en la web. Ahí estuvo la solución. Los dos logros que el clon de Obama encontró, Jack & Squat, significan, precisamente, ¡nada! Es como cuando nosotros decimos: quien tiene un tío en la Habana, ni tiene tío ni tiene nà.
Entrando en materia, dice Wood, de su cosecha, que el reglamento del Comité Nobel exige que todas las candidaturas deben estar entregadas antes de 1 de febrero. Si esto es así, quiere decir que Obama fue nominado tan sólo 12 días después de que jurara el cargo de presidente. Esto no parece razonable, por lo que Wood se pregunta “¿es que alguien se cree que esto fue lo que sucedió en realidad?”. A lo que Wood contesta imaginando una situación que le parece evidente: “El Comité Nobel rompió sus propias reglas para dar a Obama el premio”. A lo que abunda imaginándose que alguien del Comité noruego gritó que hay que respetar el reglamento, a lo que el que dirige el cotarro contestó: “No necesitamos de esas pestilentes reglas”.
Lo que sugiere Chip Wood es que cuando los elitistas de la izquierda internacional quieren honrar a uno de los suyos pueden prescindir de “esas pestilentes reglas”. Evidentemente Wood está muy irritado, no tanto con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Obama, como que lo haya aceptado, sin fundamento.
Después de seguir divagando descargando sus iras sobre la izquierda internacional que reconoce a los suyos, afirma, “El hecho puro y simple es que la selección de este año fue manipulada. Y está lejos de que esta haya sido la primera vez que prostituyen la noble idea de un premio de la paz, tan solo para servir a las innobles ambiciones de la izquierda”.
Para reforzar sus argumentos Wood hace un repaso de algunos de los escandalosos casos de otorgamiento de Nobel de la Paz de años recientes. “¿Recuerdan cuando en 1994 el Comité del Nobel otorgó tal honor a un ladrón, a un asesino, como fue Yasir Arafat?” Y se pregunta, “¿cómo es posible darle un premio de la paz al padre del terrorismo moderno?” Afirma Wood que un personaje de ese jaez, en un mundo cuerdo, habría sido juzgado. “En cambio, fue un visitante asiduo de la Casa Blanca, en la etapa de Bill Clinton, entre todos los líderes del mundo. ¡Qué farsa!”
Luego Wood nos zarandea para que recordemos el caso del otorgamiento del año 1973, cuando el premio fue compartido entre el secretario de Estado Henry Kissinger y el primer ministro de Vietnam del Norte Le Duc Tho, con el fundamento de los acuerdos de paz de Vietnam. Wood espeta a sus lectores preguntándoles si recuerdan como definían los comunistas el concepto de paz: “cuando toda oposición ha sido eliminada”. Esta es una frase que hace pensar en la guerra, con las armas dialécticas de la corrupción, entre el PSOE-Gobierno y oposición-PP. Continúo después de esta digresión. Y sigue Wood echando leña a la memoria: “Kissinger y su pandilla se aseguraron de eliminar toda oposición para que el poder comunista lo tomara en Vietnam del Sur. ¡Bien hecho, señor Secretario!”
Ahora Wood pasa a opinar sobre el escandaloso caso de Al Gore. Estamos en los premios Nobel de la Paz del año 2007. El párrafo que dedica a este caso es tan denso que lo mejor es que lo reproduzca integro. “No hace falta ser un asesino en masa; basta con abrir una puerta para ser honrado por el Comité Nobel. A menudo es suficiente con demostrar una devoción servil a la extrema izquierda. ¿Cómo se puede explicar la elección del ex Vicepresidente Al Gore? Incluso aunque admitiéramos todo ese pastiche de ciencia amañada deliberadamente llamado “An inconvenient Truth!”, ¿se puede afirmar con honestidad que se mereció el Premio Nobel de la Paz?
Después de la anterior andanada, Wood se despide de este modo: “Bueno, está bien, lo admito. Al Gore trabajó más para ganar que nuestro Teleprompter-en-Jefe. Hay que admitir que, a veces, los ‘liberales’ lo hacen bien.”
Como es sabido en Estados Unidos de Norteamérica, a su extrema izquierda –nada equivalente a la de aquí- , por esos extraños juegos del significado de las palabras cuando atraviesan fronteras y océanos, les llaman liberales. Es como decir que anverso y reverso son iguales.
Con este segundo y largo post sobre el innoble premio Nobel del año 2009, creo que tengo agotada la veta, por lo que espero volver sobre el intrigante asunto del “desarrollo sostenido” con dinero público, aunque en vista del escaso apoyo que ZP ha cosechado, incluso entre sus fuerzas sindicales más fieles, es posible que el asunto se muera antes de haber nacido.
lunes, 12 de octubre de 2009
Un Nobel de la Paz a la medida de Obama
Amigo, sobre Obama le diré un par de cosillas. El Nobel de la Paz está absolutamente desprestigiado. Es casi una ofensa. Puede que no sea tan listo y se olvide de que es el presi de USA. Pretenden atarle las manos cogiéndole la palabra vana. Tiene una larga lista de compromisos y tareas que tiene que resolver: Cuba, Afganistán, Irán, Israel-Palestina,.......Si fuera alisto -necesariamente tiene que serlo- no lo aceptaria. Si lo acepta, todo lo que diga y haga le compromete y corre el peligro de caer en el pozo negro del desprestigio que tienen los que le preceden. Obama no puede caer en la trampa que le tienden de que sea perfecto, ni creerselo. Si como supongo los otorgantes lo han sondeado antes para saber si aceptaría, ha picado por vanidad. Si acepta vale menos, como estadista. Necesita tener las manos libres dado el camino que le queda por recorrer. Que sea la próxima vez y demostrara valor. Los otorgantes son sospechosos de precipitación e inoportunidad. Otra cosa sería si hubiesen esperado, al menos, que hubiese cumplido un mandato y llevado a cabo algo de la larga lista que todo el mundo mundial espera expectante. Amigo, se diga lo que diga, este premio -¿premio o castigo?- está terriblemente contaminado. Insisto, le han tendido una terrible y peligrosa trampa. ¿Será que los otorgantes saben que es vulnerable por ahí y están tanteándolo? Estoy expectantes por ver lo que dicen mañana las columnas de opinión de USA, según el color del medio. Saludos, Francisco
domingo, 13 de septiembre de 2009
El insustentable desarrollo sostenible (II)
Para progresar, nunca en línea recta, la humanidad, desde las cavernas, fue inventando y perfeccionando actividades productivas, con efectos una veces positivos y otros negativos. Cuando hablamos de sostener queremos decir controlar, decretar moratorias desde las Naciones Unidas –que paradoja- por miedo a cometer errores en el futuro. Esto significa renunciar a la libertad, al libre albedrío, la muerta de la creatividad y ponerse en manos de unos iluminados predicadores de la apocalipsis ecológica de la nueva religión laica; soberbia de dioses que no admiten errores.
Lo del desarrollo sostenible está pasando por un momento deslumbrante. Basta con colocar dicha expresión en cualquier buscador de la web, y en menos de 15 segundos la máquina nos presenta una lista con casi 5 millones de sitios, procedentes de los cuatro puntos cardinales, donde se trata la cuestión. Está claro que esta experiencia de globalización es unos de los rasgos de la única civilización en la que nos movemos –afortunadamente llena de culturas entre las que perviven algunas horrorosas y otras sencillas y agradables como la del ajo y el aceite de oliva –las plataformas de la ceja son otra cosa-. Si hacemos un muestreo, pinchando aleatoriamente en las páginas ofrecidas por el buscador, la mayoría resultará que están entusiasmadas con la definición Brundtland comentada en mi post anterior. Predominan los argumentos tópicos, sectarios, de ideología izquierdista, con poco o ningún fundamente científico, donde la gran olvidada es la Ciencia Económica.
jueves, 10 de septiembre de 2009
EL INSUSTENTABLE DESARROLLO SOSTENIBLE (I)
ZP es un mago al que le encanta sacar de su chistera, incansablemente, expresiones que enseguida tienen gran éxito y difusión, la mayor de las veces vacías de contenido que, con frecuencia, ponen en evidencia que no sabe de lo que habla. La última iniciativa es la expresión desarrollo sostenible. ¿Quién no ha oído hablar de los términos sostenido, sostenible, sostenibilidad durante estos últimos días, aplicado como adjetivo a cualquier cosa de la nueva economía impartida en tertulias radiofónicas y de TV, de esa economía que no se aprende ni en los libros ni en las facultades de Ciencias Económicas? Tengo la impresión de que la mayoría de los que hablan o escriben sobre sostenido, sostenible, sostenibilidad, precisamente no usan argumentos sustentables. Y cuando tratan de ampliar sobre la cuestión, demuestran que no saben de qué va. ZP, que es muy astuto, casi nunca ha pasado de la mera enunciación de la cuestión, evitando mojarse. Como es sabido, les ha pedido a sus equipos de asesores, partidos colaboradores, medios de la sumisa cuerda, ministerios, cariñosas organizaciones sindicales, etc., que le envíen ideas sobre la cuestión.
El contagio de hablar por hablar sobre desarrollo sostenible se ha globalizado rápidamente. Cuenta la Dra. Barrantes - Ph.D. en Economía de la Universidad de Illinois-, en mi opinión una de las mejores especialistas sobre la cuestión, que sabe de lo que habla, que en una reunión académica para tratar sobre el desarrollo sostenible, se le pidió a los asistentes que escribieran en una tarjeta lo que entendían por desarrollo sostenible. El resultado demostró, una vez más, la falta de consenso que existe en la materia, desde hace más de 40 años, entre el mundo académico; aparecieron tantas definiciones como asistentes.
Esto de la sostenibilidad procede de la pradera de los verdes, los ecologistas méteme en todo, con derecho a invadir todos los ámbitos del conocimiento de influencia social y política, para tintarlos de verde y crear gran confusión. Ahora la verdadera bandera revolucionaria no es la tradicional roja, sino la verde. Es, además, la verde pasarela que conduce a las verdes banderas de los países musulmanes, lo que contribuye a la gloriosa construcción de la Alianza de Civilizaciones de las mil y una noches. Algunos sueñan que, en la época de Internet, de los teléfonos móviles o celulares, de la televisión TDT, de la Estación Espacial Internacional (EEI), haya más de una civilización. Donde hay culturas y religiones imaginan civilizaciones.
Los campos ya acotados de la meteorología, la astronomía, y toda la parafernalia de paneles de observación del calentamiento de la tierra, del efecto invernadero, son terrenos ya conquistados por los verdes revolucionarios. Son los amos del cotarro en la ONU, empezando por su presidente. Ahora están dando la batalla contra la economía “capitalista” con ayuda de una nueva ideología: la bolivariana. La dialéctica del calentamiento de la tierra y su derivada del desarrollo sostenible, sin olvidar a las “latinas” teologías de todas las liberaciones y las alianzas de “civilizaciones”, son más eficaces que la desechada dialéctica de la lucha de clases. Aunque en el fondo, respecto a los fines perseguidos, son los mismos perros con distintos collares, como iremos viendo a lo largo de este y otros próximos posts.
De hecho ya tenemos una nueva profesión para la ciencia económica: la economía ecológica y, consecuentemente sus sacerdotes, los economistas ecológicos, con derecho a pontificar sobre producción, desarrollo sostenido o lo que se tercie. En apenas unos años, con cuatro artículos y unas cuantas conferencias se han cargado todo el conocimiento acumulado de siglos sobre la economía, el homo aeconomicus, hasta Pericles a nuestros días. Es el nuevo tentáculo invasivo de lo verde, de las banderas verdes, de los partidos verdes. Es la nueva cara de los partidos de la izquierda revolucionaria pintada de verde, rojo ayer, en vista de que lo de a la roja lucha de clases y de la dictadura del proletariado se le ha caído “el muro”.
Soy pesimista; creo que los términos sustentabilidad, sostenibilidad, desarrollo sostenible y demás derivados, han terminado por implantarse como palabras vacías incluso en ciertos ámbitos académicos. En mi opinión, la cosa empezó a finales de los años 60 con aquel siniestro Informe del Club de Roma, una organización no gubernamental internacional dirigida por Aurelio Pechchei del consejo de administración de la Fiat. Sus ampulosos fines eran, analizar el “problema de la humanidad en relación con sus límites físicos de los recursos de la Tierra y así establecer los principios de los límites del crecimiento”. Se trataba de de un mensaje catastrofista con el que se pretendía “sugerir a la sociedad” que se adoptaran medidas que evitaran llegar a un desequilibrio mundial.
La “sugerencia” del Club de Roma estimuló a una serie de instituciones que se lanzaron a investigar sobre el anunciado desastre, tales como el Club Forrester, que publicó el informe World Dynamics (1971) con la siguiente calamitosa conclusión: “el desarrollo ulterior de la humanidad sobre la tierra, las limitaciones físicas del medio ambiente, darán lugar a desastres en 20 años del próximo siglo”. El modelito Forrester fue mejorando, ofreciendo posteriormente una mejor precisión sobre el próximo “colapso ecológico”, lo que hacía necesaria acordar una “moratoria universal” de 40 años. Después intervino el prestigioso ITM de Massachusetts, que bajo la supervisión del ya famoso Dr. Meadows, publicó, en 1972, el libro “Límites del Crecimiento”, que tuvo una gran difusión en todos los medios que, desde el principio se rindieron sin condiciones, como ahora ha ocurrido con el calentamiento de la Tierra. Hay que reconocer que esta nueva tropa verde revolucionaria cuenta con acaudalados y amparados apóstoles de la nueva religión: Al Gore, el predicador de nuestra salvación. Cualquier político, periodista o particular sin graduación académica, estaban al cabo de la calle sobre el inquietante mensaje del Club de Roma. Lo mismo que ahora está ocurriendo con lo del “desarrollo sostenible”.
Emulando a George Orwell, se puede decir que se recrudece nuevamente lo que él llamó “una época de universal engaño en la que decir la verdad constituye un acto revolucionario”. Afortunadamente surgieron instituciones y científicos que fueron desmontando los siniestros propósitos del Club que se proponía detener todo crecimiento económico, propósito ahora reverdecido con los planes de desarrollo sostenible que nos quieren vender con ayuda de su condicionante marketing. Otra vez la premonición de Orwell y su Gran Hermano.
Conviene llamar la atención sobre la expresión desarrollo sostenible, que al igual que los siniestros propósitos del citado Informe Meadows del Club de Roma, tiene que ver con los límites físicos del crecimiento, el uso de los recursos naturales y el medio ambiente. Al igual que lo que pasaría si se llevasen a cabo los objetivos del Protocolo de Kioto, los objetivos de los planes de desarrollo sostenible, afectarían principalmente a los países en vías de desarrollo. Dichos protocolos y planes están alejados de los principios fundamentales de la Ciencia Económica, en su simple significado de asignación de recursos escasos a fines alternativos.
En los años 1983 y 1987, el secretario de las Naciones Unidas ordenó que se llevara a cabo una investigación pormenorizada a cerca los efectos que tendría sobre el medio ambiente del planeta, el desarrollo económico. Dicha misión se le encomendó a la canciller noruega Sra. Gro H. Brundtland. Amigo lector, quédese bien con este apellido porque si se propone profundizar sobre asunto del desarrollo sostenible, comprobará que este exótico apellido nórdico aparece como punto de apoyo y justificación de toda la parafernalia de la sostenibilidad: la todo poderosa Comisión Brundtland es la fuente que alimenta y ampara todo lo que se diga o haga sobre desarrollo sostenible. La biblia de la nueva religión: The World Commisión on environment And Development (WCED). Our Common Future. Oxford University Press, 1987. ¡Lo ha dicho la comisión Brundtland! Amén.
Vean amigos, entre otras, las conclusiones más jugosas del informe que evacuó dicha comisión. Le prevengo de que son frases que embelesan, por lo que es necesario que le ponga en guardia, mastique con cuidado, reflexione detenidamente antes de tragárselas como artículo de fe, como suele ocurrir con tantas otras palabras que suenan a música celestial pero que hacen que uno se trague sapos a granel sin sentirlos. Dice así: “Desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidades de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”. Ojo al concepto de necesidad que la citada definición considera. “El concepto de necesidad, en particular las necesidades esenciales de los pobres del mundo, a las cuales se les debe dar imperiosa prioridad, y la idea de limitaciones impuestas por el nivel de la tecnología y la organización social sobre la capacidad del medio ambiente de satisfacer necesidades presentes y futuras”.
Es una definición envenenada como la linda manzana de Blanca Nieves, presentada en una embrollada madeja con mucha enjundia. Estoy por apostar que usted, querido lector, ha quedado cautivado por la definición. No es fácil meterle el diente. Habrá que ir paso a paso deshaciendo el enredo y poniendo al descubierto los sapos que contiene. Es el objetivo que me propongo llevar a cabo a lo largo de este y otros posts que editare sobre esta materia en este blog. Sería un ingenuo si pretendiera, de un simple tirón, apartar el velo encantado que oculta lo que en realidad significa la excelsa operación del desarrollo sostenible de la misión Brundtland.
(Continuará)
lunes, 22 de junio de 2009
Análisis friki del posicionamiento ideológico de los partidos políticos. Cantinfleando en un eje de coordenadas.
Si se nos ocurre analizar la citada definición pueden pasarnos cosas tan curiosas como las siguientes. Porque Rajoy no habla de ideologías. Así, método es la manera sistemática de hacer algo, de limpiar, fabricar, planchar, hacer yogur, hacer propaganda, organizar un mitin, limpiar la pipa de fumar, hacer la mayonesa, etc. Por otra parte, se supone que, en general, todos los humanos tienen vocación, a ratos, de ser moderados y tolerantes; en otros, a lo mejor no procede o no quieren.
Hagamos un juego divertido sobre la base de un “modelo” de estadística descriptiva. Imaginemos un eje de coordenadas lineal, o sea un espacio vectorial de dimensión uno, como se diría en estadística descriptiva. A ese eje le suponemos un determinado recorrido representativo del que ocuparían el conjunto de partidos políticos existentes en aspectro político español. En ese vector señalemos un imaginario -delirado- centro de coordenadas al que llamaremos punto C –que no tiene que coincidir con el centro de gravedad-, por aquello de Centro Político. De tal modo que un número, mejor dicho, un partido que situáramos a nuestra izquierda del punto C, sería un partido de izquierdas. Igualmente, un partido que situáramos a la derecha del punto C, sería un partido de derechas.
Sobre esta base, apliquemos, en este caso, la definición de Rajoy. Situemos a Rajoy, digamos, para no tener que referirnos al cálculo infinitesimal, medio milímetro a la derecha del punto C. Por definición las posiciones próximas al punto C concentran simétricamente, a uno y otro lado, el máximo de voluntad, método, moderación y tolerancia. A medida que nos desplacemos hacia la extremosa derecha facha, franquista, fascista, nazi, etc., iría disminuyendo la concentración de virtudes políticas asignadas al punto C, hasta desaparecer.
Pasemos ahora la frontera del punto C, media geométrica del vector, adentrándonos medio milímetro en la izquierda. Lo primero que debemos encontrarnos, según la lógica de la simetría, es el Centro Izquierda. Según la definición de Rajoy, que implica un método que facilita considerablemente la siempre enojosa tarea de caracterizar a los partidos políticos por sus ideologías, podemos suponer que, también aquí, como tal Centro, hay voluntad, método, vocación de ser moderados y tolerancia. Porque si le niega esas virtudes, propias del Centro, por estar al lado izquierdo, falla la coherencia del lenguaje. Por simetría geométrica, para que un vector tenga Centro, necesita que a un lado y al otro del mismo existan espacios ocupados, de igual extensión. Y también aquí, a medida que nos alejamos del punto C, o sea Centro Político, baja la concentración de virtudes de aprecio político por parte de la ciudadanía, o sea, voluntad, método, moderación y tolerancia.
Evidentemente, este “método” resulta muy simplista, lo que permite, no se niega, un análisis friki, extravagante, del posicionamiento político de los partidos; además de muy relativista, como es lógico en la era del relativismo. Como se ha señalado, si nos situamos justamente en la raya imaginaria del vector que separa un lado de otro, a nuestra derecha queda la derecha política, y a nuestra izquierda la izquierda política. Si el acto de orientación en el espacio político lo lleva a cabo con uno de derechas, dirá: a la derecha quedan los buenos, y a la izquierda quedan los malos, los rojos. En esto de los colores, antes, los de derechas, se auto identificaban con el color azul –los azulillos-, hasta que los de izquierdas los convencieron de que eso tenía connotaciones con la ultra derechosa Falange del Movimiento, o sea, lejos del centro. Ahora ignoro si la derecha reivindica color. Creo que el color butano ha sido abandonado apresuradamente.
Si repetimos la descripción subjetiva ahora con uno de izquierdas, que se ve a sí mismo de color rojo de toda la vida, dirá que a su derecha están los malos, porque en la izquierda está el progreso, la bondad, el amor al pueblo, a los pobres, a los trabajadores, etc. Naturalmente, todo empapado de abundantes dosis de voluntad, método, moderación y tolerancia, en la medida que se aproximen al punto virtuoso C, de acuerdo con la descripción de Rajoy.
Como podemos ver, con estas coordenadas del eje de posicionamiento simétrico de los partidos políticos, es muy fácil hacer análisis de las acciones políticas. Por ejemplo, los partidos que están en el Centro, mejor dicho que se auto posicionan en el Centro, son primos hermanos, pues tienen mucho más en común que los partidos extremosos de la derecha y de la izquierda. Por tanto es más fácil que una militante de centro derecha pase la raya divisoria y se meta en el centro izquierda –incluso sin darse cuenta-, sin que note grandes hechos diferenciales. Y exactamente le pasaría lo mismo a uno de izquierdas.
A este baile o juego de vaivén político, yo lo denomino cantinfleo. Si alguien desea ampliar sobre esto del cantinfleo, que haga clip en el link que adjunto a continuación y le llevará al post de mi blog donde trataba de este asunto: http://wwwmansocoronado.blogspot.com/2009/06/cantinflear-locucion-politica-que.html
Ante este cuadro, un tanto extravagante, como ya digo, del partidismo político –alguno pensará que frívolo, pero no menos que el que se gastan los líderes para auto definirse- la pregunta que se le puede plantear a ciudadanos y ciudadanía, que tienen que elegir un partido para darle su voto, es si tendrían que estudiar geometría política. No hay peligro, en realidad ese esfuerzo afectaría a sólo a unos pocos. Pues como hemos podido comprobar en las sucesivas elecciones, los ciudadanos españoles son los que en mayor proporción practican la fidelidad al producto. O sea, ¡viva el Betis manque pierda¡ Los míos son los míos caiga quien caiga. ¡Qué esperanza!