Obama ha dicho que está más interesado en corregir los errores que en buscar culpables. Asegura que el agujero de seguridad no se debió a un individuo o agencia concreta, sino que fue un fallo del sistema, y por tanto, es responsabilidad suya.
Otras cosas que ha dicho explícitamente Obama a sus ciudadanos –que no a la ciudadanía-, es: “estamos en guerra con Al Qaida”. De cajón
Como ya manifesté en mi post del pasado 14 de diciembre, por el que glosaba el interesante discurso de Obama en Oslo con motivo de la toma de posesión del premio Nobel de la Paz, con el título “Guerra y Paz en el discurso de Obama en Oslo”, dicho discurso, en mi opinión, marcó un antes y un después de la trayectoria de Presidente de Estados Unidos. No ha hecho falta que pasaran muchos días para que pudiéramos comprobar que aquel inesperado desplante de Obama no era agua de una día, con ocasión del desgraciado incidente que se produjo el 26-12-2009, por el que en el avión de la Northwest, que hacía la ruta Ámsterdam Detroit, el nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab estuviera a punto de perpetrar un acto terrorista de trágicas consecuencias, de no haber sido por un fallo en el funcionamiento de su bomba. La Casa Blanca ha confirmado que el atacante pretendía perpetrar un atentado terrorista.
Los medios de todo tipo se hicieron eco de ese importante acontecimiento. Las diferencias entre unos y otros medios, como suele ocurrir, se aprecia en los dichosos matices o en contar una verdad a medias. Lo que me propongo es hacer inteligibles los juguetones matices y contar la otra parte de la verdad disimulada. Fuentes de la lucha antiterrorista han confirmado que el presunto responsable de la detonación, un pasajero de 23 años de nacionalidad nigeriana, se ha identificado como miembro de Al Qaida y ha confesado, en el momento de ser detenido, que su intención era la de cometer un atentado en EE.UU.
El tal Abdulmutallab es un nigeriano, afortunado hijo de un papá banquero que, como suele ocurrir, es enviado a estudiar a Londres para hacerlo un hombre de bien. Pero en Londres, teniendo en cuenta el tolerante sistema británico de auto segregación en guetos musulmanes, y la ya demostrada eficaz organización de captación, reclutamiento y mentalización de nuevos terroristas suicidas, con base en las numerosas mezquitas allí existentes, se encargan de no dejar escapar a estos mirlos blancos tan moldeables para sus causa de matar infieles occidentales.
Obama ha precisado que el fallo no estuvo en la recopilación de la información sino en su procesamiento. Eso permitió que el nigeriano Abdulmutallab introdujera explosivos en el vuelo Northwest 253 procedente de Ámsterdam. Los servicios de Inteligencia americanos disponían de información suficiente para que saltaran las alarmas, pero "fracasaron a la hora de cruzar los datos".
El Presidente ha señalado que el fallo de seguridad no es aceptable y no lo tolerará. No obstante, Obama no ha cortado ninguna cabeza de la docena larga de asesores de seguridad nacional. Por ahora no ha caído la secretaria de Interior, Janet Napolitano, ni la de su principal asesor de contraterrorismo, John Brennan.
Obama ha dicho una cosa ya sabida y repetida a los ciudadanos de sus país: estamos en guerra con Al Qaida. Decir lo mismo en España sería, además de una cosa “insólita”, algo políticamente incorrecto que enfadaría al poder monclovita con el periodista de turno.
En los medios de Estados Unidos se pueden ver, cada vez más, programas que refrescan la memoria de lo que dijo el “maligno” Busch sobre la guerra, comparado con lo que ahora Obama dice y hace, al fin y al cabo pragmático y realista como buen americano.
Y termino este breve post como empecé, donde está el meollo de la razón de ser de su edición. Obama ha dicho que está más interesado en corregir los errores que en buscar culpables. Asegura que el agujero de seguridad no se debió a un individuo o agencia concreta, sino que fue un fallo del sistema, y por tanto, es responsabilidad suya. Amén.
Para opiniones libres de actualidad económica, política, social, histórica, científica, artística, literaria..
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domingo, 10 de enero de 2010
lunes, 14 de diciembre de 2009
GUERRA Y PAZ EN EL DISCURSO DE OBAMA EN OSLO
Obama manejó con soltura y lucimiento el realista aspersorio, “si vis pacem, para bellum”, en el corazón de una Europa mayoritariamente pacifista y sorprendida.
Las razones de esta glosa
El pasado 20 de octubre edité un post en este blog con el título “Barack Hussein Obama y sus dos grandes logros: Jack y Squat”, donde ponía en duda, incluso diría ridiculizaba, los méritos que justificaban el otorgamiento del premio Nobel de la Paz. A la vista del inesperado e importante discurso de Obama, me siento obligado a dedicarle este otro post de rectificación y reconocimiento.
Tenía una gran curiosidad por conocer el texto del discurso de Obama en Oslo. Pasadas unas horas me puse a rastrear por la web, y lo que me encontré fue una serie de resúmenes mutilados y mal traducidos. Curiosamente por estos lares se maquilló el discurso de Obama de modo que resultara políticamente correcto. Porque ciertamente el discurso debió resultar muy incorrecto para los países donde, como dijo el propio Obama, “existe una profunda ambivalencia acerca de la acción militar de hoy, no importa cuál sea la causa”. Ciertamente, resultó un premio Nobel de la Paz que no tuvo pelos en la lengua, donde el pacifismo de guardarropía no tuvo cabida.
Finalmente tuve que recurrir al texto que, en apenas un par de horas, ya ofrecía íntegro NYT, que a su vez lo había obtenido de la oficina de prensa de la Casa Blanca. Tengo que reconocer que, a medida que avanzaba en la lectura del discurso, me sorprendía gratamente. No me lo esperaba. Por eso, lo que me propongo ahora es glosar las partes que me parecen más significativas dadas las circunstancias. El discurso es clarificador y una buena vacuna contra el cejudo relativismo oficial. Mucho me temo que más de uno se va a decepcionar con su san Obama apóstol de la paz, reverso forzado de la medalla del diabólico Busch.
La controversia del otorgamiento del premio Nobel de la Paz
Lo primero que se debe destacar del discurso es que, al comienzo, reconociera con “gran humildad”, que estando al comienzo de su trabajo, y no al fin, y en comparación con otros gigantes de la historia que han recibido el premio, “mis logros sol leves”. Su primer golpe de hisopo cargado de franqueza fue, “sería un insensible si no reconociera la controversia que su generosa decisión ha generado”. Todos rieron el desparpajo del Comandante en Jefe de primer ejército de un planeta que se calienta, en todos los sentidos. Obama los había deslumbrado por sorpresa.
Si hubiera que resumir el contenido del discurso de Obama en pocas palabras escogería aquella cita que erróneamente la mayoría adjudica a Julio Cesar (100 – 44 a. de C.), Si vis pacem, para bellum. Si quieres la paz prepara la guerra. El verdadero autor de esa trillada frase, pero no menos acertada, por los siglos de los siglos, fue un escritor romano de temas militares, llamado Vegacio, que escribió un libro titulado Epitoma rei militaris. Libro que fue copiado hasta la saciedad durante siglos. Lo escribió, más o menos, en el año 390 d. de C., dedicado al emperador Teodosio I, el grande. El último emperador que gobernó todo el mundo romano, el occidental y el oriental. La frase completa de Vegacio dice así: "Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum”. Así que quien desee la paz, que prepare la guerra. La que ha llegado a nosotros es una versión abreviada para el consumo.
En ningún momento Obama disimulo su personaje, dadas las circunstancias, y dejó de ser y parecer lo que representaba. “La cuestión más significativa del otorgamiento de este premio es el hecho de que soy el Comandante en jefe de las fuerzas armadas de una nación en medio de dos guerras.” Y añadió, “estamos en guerra, y yo soy el responsable del despliegue de miles de jóvenes norteamericanos desplazados para luchar en tierras lejanas.” Y para que
no quedara duda de la franqueza de ánimo con que Obama recogía su inmerecido premio, dijo: “Llego aquí con un profundo sentido de los costes de los conflictos armados y consecuentemente lleno de preguntas difíciles sobre la relación que existe entre la guerra y la paz y la clase de esfuerzo que debemos llevar a cabo para remplazar la una por la otra.” Ciertamente, sólo los grandes estadistas, como el que ahora vemos en Obama, asumen que no es sólo un frívolo juego de palabras el cambiar una cosa por otra, como el que cambia un jarrón de sitio.
La moral de la guerra
Cada vez se puede comprobar que Obama, o sus asesores, me da lo mismo ya que es él quien los escoge –recuerdo aquel epitafio de la tumba de Roquefeller: “aquí yace un hombre que supo rodearse de personas mejor que él”- es una persona con una gran formación histórica y humanística. No es un simplón de los que dicen, sin más, de la noche a la mañana, otro mundo es posible. Ni tampoco sea de los que cree que baste con decir “no a la guerra” para erradicarla. Las bases de su realismo parecen tener buenos cimientos. No elude el manoseado debate de guerra si o guerra no, cuando afirma que ese es ya un viejo debate. “La guerra, en una u otro forma ya apareció con el primer hombre, en los albores de la historia. Pero su moral no se cuestionaba sino que era aceptada simplemente como un hecho, como la sequía o las enfermedades.” ¿Cuántos líderes políticos de estos tiempos se atreverían a denunciar semejante demérito? La moral de la guerra, ahora, se cuestiona impúdicamente.
No quiere decir Obama que haya que aceptar fatalmente esos hechos dolorosos y que no se intente hacer algo. Por eso, las leyes, los filósofos los hombres de Estado han tratado de controlar los efectos destructivos de las guerras. De este esfuerzo ha surgido el concepto, desgraciadamente interesadamente manipulado de “guerra justa”. Sobre este interesante asunto Obama manifiesta: “[la guerra justa] sugiere que la guerra sólo sea justificada cuando se cumplan ciertas condiciones: si se hace como último recurso, o en defensa propia, si la fuerza utilizada es proporcional y si, siempre que sea posible, los civiles estén a salvo de la violencia.” A lo que el mismo Obama contesta con escepticismo: “Por supuesto, sabemos por la historia, que la mayor parte de las veces ese concepto de ‘guerra justa’ rara vez se ha respetado.”
Obama recuerda que su país saco las castañas del fuego a Europa
Seguramente, siendo Obama consciente de que se encontraba en ese momento, en el santa sanctórum del pacifismo europeo, lugar de origen del premio Nobel de la Paz, se permitió recordarle a los allí presentes, la cruda realidad de la ensangrentada Europa. “En el lapso de 30 años, por dos veces, una terrible carnicería engulló a este continente. Y si bien es difícil concebir una causa más justa que la derrota del Tercer Reich y las potencias del Eje, la Segunda Guerra Mundial fue un conflicto en el que el número de civiles muertos superó al de soldados.”
Y aunque Obama dice que debemos sentirnos orgullosos herederos de aquellos que tuvieron la fortaleza de vencer tan difíciles momentos del pasado, así como de las instituciones creadas, da un dramático toque de atención avisando de los peligros que ya tenemos encima. “Sin embargo, ha bastado una década del nuevo siglo para que esa sólida arquitectura del pasado se empiece a desplomar bajo el peso de las nuevas amenazas. La proliferación de armas nucleares puede aumentar el riesgo de una catástrofe, por eso es razonable que el mundo tiemble ante la perspectiva de una guerra entre dos superpotencias nucleares.”
Y sigue Obama echando encima de la conciencia de sus turbados oyentes más argumentos para que acepten que si quieren la paz, tendrán que prepararse para la guerra. El panorama que pinta es desgarrador. “El terrorismo es cada vez más que una táctica, en la medida que las nuevas tecnologías hacen posible que simples hombres con rabia destructora descomunal puedan asesinar a inocentes en proporciones horribles.” Sigue Obama recordando otras amenazas que penden sobre nosotros. “El resurgimiento de conflictos étnicos o sectarios, el crecimiento de movimientos secesionistas, las insurgencias y los Estados fallidos. En las guerras de hoy son asesinados muchos más civiles que soldados.” No se puede ser más realista. Y mucho me temo que no pocos de los asistentes se hayan removido incómodos en sus asientos, al oír que el agraciado con el premio Nobel de la Paz hable de prepararse para la guerra.
Nuevos enfoques para la noción de guerra justa
Cuando uno lee con detenimiento el discurso de un Obama premio Nobel de la Paz, llama la atención que insista una y otra vez sobre los peligros que nos acechan. “Yo no traigo aquí la solución definitiva para los problemas de la guerra. Pero si [tengo claro que] estamos obligados a pensar en nuevos enfoques para las nociones de ‘guerra justa’ o los imperativos de una ‘paz justa’.”
El párrafo que sigue no puede ser más contundente. Es como un jarro de agua fría que recibiera alguien que estuviera sesteando. “Debemos comenzar por reconocer la dura verdad: No vamos a erradicar los conflictos violentos en nuestras vidas. Y habrá momentos en que las naciones, bien sea individualmente o en concierto, no sólo necesiten recurrir a la fuerza sino que lo consideren moralmente justificado.”
Y hasta no faltó una declaración solemne que claramente no sólo iba dirigida a los encopetados asistentes de tan protocolario acto, sino sobre todo a sus compatriotas y a los enemigos seculares de Estados Unidos de antes de la demolición del muro – no se cayó solo- y de después del 11-S. “Pero como jefe de Estado juré proteger y defender mi país”. Seguidamente aclaró suficientemente lo que quería que se entendiera. “Yo me enfrento al mundo como es y, por tanto, no puedo quedarme de brazos cruzados frente a las amenazas al pueblo estadounidense.”
Obama recuerda que el mal existe en el mundo –Busch lo llamaba de otra manera, eje del mal-. “Pero no nos equivoquemos: el mal existe en el mundo. Un movimiento no violento no podría haber detenido a los ejércitos de Hitler. Las negociaciones no pueden convencer a los líderes de Al Qaida para que depongan las armas. Decir que en ocasiones el uso de la fuerza es necesario no puede considerarse un gesto cínico. Es reconocer [con honestidad] la realidad histórica, las imperfecciones del hombre y los límites de la razón.” Evidentemente Obama está marcando contrastes filosóficos. Rompiendo los moldes de lo políticamente correcto. Es de esperar que pronto veamos una contraofensiva de los filósofos pacifico relativistas que ahora reinan.
La ambigüedad de muchos países sobre la acción militar de hoy
Y también encontramos en el discurso de Obama reproches de cierto calibre. Por ejemplo, para que no haya duda, aclara a quiénes van dirigidas las advertencias del párrafo anterior. “En este punto deseo resaltar que en muchos países existe una profunda ambivalencia acerca de la acción militar de hoy, [incluso] cualquiera que sea la causa. Y en ocasiones [esa ambivalencia] está asociada a ciertas sospechosas especulaciones acerca del mando único de la superpotencia militar.”
Y frente a esas especulaciones de desagradecidos, a Obama no le duelen prendas para recordarle a todos: “Pero el mundo debe recordar que no fueron simplemente las instituciones internacionales las que trajeron la estabilidad al mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Cualesquiera que sean los errores que podamos haber cometido, la realidad es que: los Estados Unidos de América han ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y la fuerza de nuestros brazos.” Cualquiera diría que Obama tenía necesidad de venir a Europa a recordarle a algunos desmemoriados que la gratitud es una virtud que honra a quien la practica. Los franceses suelen decir que la gratitud es la memoria del corazón.
Obama sigue defendiendo su teoría de la intervención oportuna, atacando directamente a los flojos de conciencia. “La no intervención por desviación de conciencia lacrimosa puede dar lugar que haya que hacerlo más adelante en condiciones más dolorosas. El uso de la fuerza puede estar justificado tanto por razones humanitarias, como fue el caso de los Balcanes, como por razones puramente bélicas.”
Su compromiso en el mantenimiento de la paz mundial
Obama renueva en este acto del Nobel de la Paz, su compromiso de no vacilar en el mantenimiento de la seguridad mundial. Pero advierte que solos no podrán hacerlo y les da un toque nada retórico a los que se escaquean en sus obligaciones. “En un mundo donde las amenazas son difusas y las misiones complejas, los Estados Unidos no pueden actuar solos. Esto es lo que pasa en Afganistán y ciertos Estados fallidos como Somalia. Los países de la OTAN y otros amigos y aliados asumen esta verdad y la demuestran en Afganistán, con su coraje. Pero hay otros muchos países que se desentienden del esfuerzo de aquellos que cooperan y se instalan en posiciones indeterminadas. Entiendo que la guerra no es popular, pero también sé esto otro: La creencia de que la paz es deseable no es suficiente para lograrla. La Paz requiere responsabilidad. La Paz implica sacrificio. Es por eso que la OTAN sigue siendo imprescindible.”
Seguramente aquellos que creían que Estados Unidos, a partir de Obama, renunciaba al liderazgo mundial, por aquello del multilateralismo, lo pueden tener claro si leen con atención la siguiente manifestación. “Y cuando nos enfrentamos a un enemigo depravado, que no se atiene a las normas, entiendo que Estados Unidos debe seguir siendo un abanderado en la conducción de la guerra.”
Ciertamente Obama, después de todos los argumentos que ha expuesto sobre las cuestiones de la guerra y la paz, se moja, y se atreve a anunciar las tres maneras en las que se puede construir una paz justa y duradera.
La primera norma tiene que ver con el incumplimiento de las leyes y las reglas internacionales.
“Los regímenes que rompan las reglas deberán rendir cuentas. Las sanciones deben exigir un precio real”. Y pone un ejemplo bien significativo: “el esfuerzo para evitar la propagación de las armas nucleares”. Luego se refiero al acuerdo de mediados del siglo pasado sobre no proliferación de armas nucleares, sobre el que advierte que sigue estando en vigor. “Estoy comprometido con la defensa de este tratado”. Y señala con el dedo acusador: “naciones como Irán y Corea del Norte no respetan las reglas de juego”. Y a los que se quedan de brazos cruzados simplemente de espectadores ante ese incumplimiento les dice. “Aquellos que buscan la paz no pueden permanecer de brazos cruzados cuando las naciones se arman para la guerra nuclear.”
La segunda norma tiene que ver con los derechos humanos
Esta cuestión la argumenta del siguiente modo. “La paz no es simplemente la ausencia de conflictos visibles. Sólo una paz justa basada en los derechos y la dignidad inherentes a cada individuo, puede ser verdaderamente duradera.” Atención a los matices del siguiente argumento. “Algunos países justifican la falta de respeto a los derechos humanos con el argumento de que esos principios son occidentales, ajenos a sus culturas locales.” Entiendo que Obama no está de acuerdo con esas teorías de que en nuestro mundo actual existen diversas civilizaciones que hay que respetar. Queda claro que en nuestro mundo sólo existe una civilización: la de los derechos humanos y las del respeto de las reglas internacionales. En ocasiones Obama llega a ser muy sutil para dejar caer ciertas advertencias. “La promoción de los derechos humanos no se puede hacer sólo haciendo exhortaciones sobre la paz. A veces, debe ir acompañada de [cierta] diplomacia laboriosa”. Claro que cada uno puede entender como le plazca lo de “diplomacia laboriosa”, pero creo que está clara la intención.
Y precisamente en el desarrollo de la segunda norma para alcanzar la paz justa y duradera, tiene un justo y oportuno recuerdo para otros importantes personajes, que en la reciente conmemoración del 20 aniversario del derribo del muro de Berlín, fueron tendenciosamente ignorados en los actos oficiales. “El compromiso del Papa Juan Pablo II con Polonia creó un espacio no sólo para la Iglesia Católica, pero también para los dirigentes sindicales, como Lech Walesa. Los esfuerzos de Ronald Reagan sobre el control de armamentos y el abrazo de la perestroika, no sólo propició la mejora de las relaciones con la Unión Soviética, sino que facilito la aparición de disidentes en toda Europa Oriental.”
La tercera y última norma anunciada por Obama tiene que ver con la miseria, la inseguridad económica, los derechos civiles y políticos
Es mucho el espacio que Obama dedica a esta importante cuestión. Entra en detalles que servirían como guía de principios para más de una enigmática ONG. Para no hacer demasiado extensa esta glosa del discurso de Obama, de entre todas destaco la siguiente. “La seguridad no existe donde los seres humanos no tienen acceso a suficientes alimentos o agua potable, o a las medicinas y la vivienda que necesitan para sobrevivir.”
El final lo reserva para denunciar la complicada situación de Oriente Medio. Se pueden encontrar algunas frases lapidarias. “La Guerra Santa no siempre puede ser una guerra justa. Y lo más peligroso, lo vemos en la forma en que la religión es utilizada para justificar el asesinato de inocentes por los que han distorsionado y contaminado la gran religión del Islam.”
Y para los idealistas empedernidos, un mensaje: “No tenemos que creer que la naturaleza humana es perfecta. Debemos creer que todavía puede mejorar. No debemos vivir en un mundo idealizado, sino en uno donde todavía quedan ideales alcanzables que lo conviertan en un mejor lugar.”
Las razones de esta glosa
El pasado 20 de octubre edité un post en este blog con el título “Barack Hussein Obama y sus dos grandes logros: Jack y Squat”, donde ponía en duda, incluso diría ridiculizaba, los méritos que justificaban el otorgamiento del premio Nobel de la Paz. A la vista del inesperado e importante discurso de Obama, me siento obligado a dedicarle este otro post de rectificación y reconocimiento.
Tenía una gran curiosidad por conocer el texto del discurso de Obama en Oslo. Pasadas unas horas me puse a rastrear por la web, y lo que me encontré fue una serie de resúmenes mutilados y mal traducidos. Curiosamente por estos lares se maquilló el discurso de Obama de modo que resultara políticamente correcto. Porque ciertamente el discurso debió resultar muy incorrecto para los países donde, como dijo el propio Obama, “existe una profunda ambivalencia acerca de la acción militar de hoy, no importa cuál sea la causa”. Ciertamente, resultó un premio Nobel de la Paz que no tuvo pelos en la lengua, donde el pacifismo de guardarropía no tuvo cabida.
Finalmente tuve que recurrir al texto que, en apenas un par de horas, ya ofrecía íntegro NYT, que a su vez lo había obtenido de la oficina de prensa de la Casa Blanca. Tengo que reconocer que, a medida que avanzaba en la lectura del discurso, me sorprendía gratamente. No me lo esperaba. Por eso, lo que me propongo ahora es glosar las partes que me parecen más significativas dadas las circunstancias. El discurso es clarificador y una buena vacuna contra el cejudo relativismo oficial. Mucho me temo que más de uno se va a decepcionar con su san Obama apóstol de la paz, reverso forzado de la medalla del diabólico Busch.
La controversia del otorgamiento del premio Nobel de la Paz
Lo primero que se debe destacar del discurso es que, al comienzo, reconociera con “gran humildad”, que estando al comienzo de su trabajo, y no al fin, y en comparación con otros gigantes de la historia que han recibido el premio, “mis logros sol leves”. Su primer golpe de hisopo cargado de franqueza fue, “sería un insensible si no reconociera la controversia que su generosa decisión ha generado”. Todos rieron el desparpajo del Comandante en Jefe de primer ejército de un planeta que se calienta, en todos los sentidos. Obama los había deslumbrado por sorpresa.
Si hubiera que resumir el contenido del discurso de Obama en pocas palabras escogería aquella cita que erróneamente la mayoría adjudica a Julio Cesar (100 – 44 a. de C.), Si vis pacem, para bellum. Si quieres la paz prepara la guerra. El verdadero autor de esa trillada frase, pero no menos acertada, por los siglos de los siglos, fue un escritor romano de temas militares, llamado Vegacio, que escribió un libro titulado Epitoma rei militaris. Libro que fue copiado hasta la saciedad durante siglos. Lo escribió, más o menos, en el año 390 d. de C., dedicado al emperador Teodosio I, el grande. El último emperador que gobernó todo el mundo romano, el occidental y el oriental. La frase completa de Vegacio dice así: "Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum”. Así que quien desee la paz, que prepare la guerra. La que ha llegado a nosotros es una versión abreviada para el consumo.
En ningún momento Obama disimulo su personaje, dadas las circunstancias, y dejó de ser y parecer lo que representaba. “La cuestión más significativa del otorgamiento de este premio es el hecho de que soy el Comandante en jefe de las fuerzas armadas de una nación en medio de dos guerras.” Y añadió, “estamos en guerra, y yo soy el responsable del despliegue de miles de jóvenes norteamericanos desplazados para luchar en tierras lejanas.” Y para que
no quedara duda de la franqueza de ánimo con que Obama recogía su inmerecido premio, dijo: “Llego aquí con un profundo sentido de los costes de los conflictos armados y consecuentemente lleno de preguntas difíciles sobre la relación que existe entre la guerra y la paz y la clase de esfuerzo que debemos llevar a cabo para remplazar la una por la otra.” Ciertamente, sólo los grandes estadistas, como el que ahora vemos en Obama, asumen que no es sólo un frívolo juego de palabras el cambiar una cosa por otra, como el que cambia un jarrón de sitio.
La moral de la guerra
Cada vez se puede comprobar que Obama, o sus asesores, me da lo mismo ya que es él quien los escoge –recuerdo aquel epitafio de la tumba de Roquefeller: “aquí yace un hombre que supo rodearse de personas mejor que él”- es una persona con una gran formación histórica y humanística. No es un simplón de los que dicen, sin más, de la noche a la mañana, otro mundo es posible. Ni tampoco sea de los que cree que baste con decir “no a la guerra” para erradicarla. Las bases de su realismo parecen tener buenos cimientos. No elude el manoseado debate de guerra si o guerra no, cuando afirma que ese es ya un viejo debate. “La guerra, en una u otro forma ya apareció con el primer hombre, en los albores de la historia. Pero su moral no se cuestionaba sino que era aceptada simplemente como un hecho, como la sequía o las enfermedades.” ¿Cuántos líderes políticos de estos tiempos se atreverían a denunciar semejante demérito? La moral de la guerra, ahora, se cuestiona impúdicamente.
No quiere decir Obama que haya que aceptar fatalmente esos hechos dolorosos y que no se intente hacer algo. Por eso, las leyes, los filósofos los hombres de Estado han tratado de controlar los efectos destructivos de las guerras. De este esfuerzo ha surgido el concepto, desgraciadamente interesadamente manipulado de “guerra justa”. Sobre este interesante asunto Obama manifiesta: “[la guerra justa] sugiere que la guerra sólo sea justificada cuando se cumplan ciertas condiciones: si se hace como último recurso, o en defensa propia, si la fuerza utilizada es proporcional y si, siempre que sea posible, los civiles estén a salvo de la violencia.” A lo que el mismo Obama contesta con escepticismo: “Por supuesto, sabemos por la historia, que la mayor parte de las veces ese concepto de ‘guerra justa’ rara vez se ha respetado.”
Obama recuerda que su país saco las castañas del fuego a Europa
Seguramente, siendo Obama consciente de que se encontraba en ese momento, en el santa sanctórum del pacifismo europeo, lugar de origen del premio Nobel de la Paz, se permitió recordarle a los allí presentes, la cruda realidad de la ensangrentada Europa. “En el lapso de 30 años, por dos veces, una terrible carnicería engulló a este continente. Y si bien es difícil concebir una causa más justa que la derrota del Tercer Reich y las potencias del Eje, la Segunda Guerra Mundial fue un conflicto en el que el número de civiles muertos superó al de soldados.”
Y aunque Obama dice que debemos sentirnos orgullosos herederos de aquellos que tuvieron la fortaleza de vencer tan difíciles momentos del pasado, así como de las instituciones creadas, da un dramático toque de atención avisando de los peligros que ya tenemos encima. “Sin embargo, ha bastado una década del nuevo siglo para que esa sólida arquitectura del pasado se empiece a desplomar bajo el peso de las nuevas amenazas. La proliferación de armas nucleares puede aumentar el riesgo de una catástrofe, por eso es razonable que el mundo tiemble ante la perspectiva de una guerra entre dos superpotencias nucleares.”
Y sigue Obama echando encima de la conciencia de sus turbados oyentes más argumentos para que acepten que si quieren la paz, tendrán que prepararse para la guerra. El panorama que pinta es desgarrador. “El terrorismo es cada vez más que una táctica, en la medida que las nuevas tecnologías hacen posible que simples hombres con rabia destructora descomunal puedan asesinar a inocentes en proporciones horribles.” Sigue Obama recordando otras amenazas que penden sobre nosotros. “El resurgimiento de conflictos étnicos o sectarios, el crecimiento de movimientos secesionistas, las insurgencias y los Estados fallidos. En las guerras de hoy son asesinados muchos más civiles que soldados.” No se puede ser más realista. Y mucho me temo que no pocos de los asistentes se hayan removido incómodos en sus asientos, al oír que el agraciado con el premio Nobel de la Paz hable de prepararse para la guerra.
Nuevos enfoques para la noción de guerra justa
Cuando uno lee con detenimiento el discurso de un Obama premio Nobel de la Paz, llama la atención que insista una y otra vez sobre los peligros que nos acechan. “Yo no traigo aquí la solución definitiva para los problemas de la guerra. Pero si [tengo claro que] estamos obligados a pensar en nuevos enfoques para las nociones de ‘guerra justa’ o los imperativos de una ‘paz justa’.”
El párrafo que sigue no puede ser más contundente. Es como un jarro de agua fría que recibiera alguien que estuviera sesteando. “Debemos comenzar por reconocer la dura verdad: No vamos a erradicar los conflictos violentos en nuestras vidas. Y habrá momentos en que las naciones, bien sea individualmente o en concierto, no sólo necesiten recurrir a la fuerza sino que lo consideren moralmente justificado.”
Y hasta no faltó una declaración solemne que claramente no sólo iba dirigida a los encopetados asistentes de tan protocolario acto, sino sobre todo a sus compatriotas y a los enemigos seculares de Estados Unidos de antes de la demolición del muro – no se cayó solo- y de después del 11-S. “Pero como jefe de Estado juré proteger y defender mi país”. Seguidamente aclaró suficientemente lo que quería que se entendiera. “Yo me enfrento al mundo como es y, por tanto, no puedo quedarme de brazos cruzados frente a las amenazas al pueblo estadounidense.”
Obama recuerda que el mal existe en el mundo –Busch lo llamaba de otra manera, eje del mal-. “Pero no nos equivoquemos: el mal existe en el mundo. Un movimiento no violento no podría haber detenido a los ejércitos de Hitler. Las negociaciones no pueden convencer a los líderes de Al Qaida para que depongan las armas. Decir que en ocasiones el uso de la fuerza es necesario no puede considerarse un gesto cínico. Es reconocer [con honestidad] la realidad histórica, las imperfecciones del hombre y los límites de la razón.” Evidentemente Obama está marcando contrastes filosóficos. Rompiendo los moldes de lo políticamente correcto. Es de esperar que pronto veamos una contraofensiva de los filósofos pacifico relativistas que ahora reinan.
La ambigüedad de muchos países sobre la acción militar de hoy
Y también encontramos en el discurso de Obama reproches de cierto calibre. Por ejemplo, para que no haya duda, aclara a quiénes van dirigidas las advertencias del párrafo anterior. “En este punto deseo resaltar que en muchos países existe una profunda ambivalencia acerca de la acción militar de hoy, [incluso] cualquiera que sea la causa. Y en ocasiones [esa ambivalencia] está asociada a ciertas sospechosas especulaciones acerca del mando único de la superpotencia militar.”
Y frente a esas especulaciones de desagradecidos, a Obama no le duelen prendas para recordarle a todos: “Pero el mundo debe recordar que no fueron simplemente las instituciones internacionales las que trajeron la estabilidad al mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Cualesquiera que sean los errores que podamos haber cometido, la realidad es que: los Estados Unidos de América han ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y la fuerza de nuestros brazos.” Cualquiera diría que Obama tenía necesidad de venir a Europa a recordarle a algunos desmemoriados que la gratitud es una virtud que honra a quien la practica. Los franceses suelen decir que la gratitud es la memoria del corazón.
Obama sigue defendiendo su teoría de la intervención oportuna, atacando directamente a los flojos de conciencia. “La no intervención por desviación de conciencia lacrimosa puede dar lugar que haya que hacerlo más adelante en condiciones más dolorosas. El uso de la fuerza puede estar justificado tanto por razones humanitarias, como fue el caso de los Balcanes, como por razones puramente bélicas.”
Su compromiso en el mantenimiento de la paz mundial
Obama renueva en este acto del Nobel de la Paz, su compromiso de no vacilar en el mantenimiento de la seguridad mundial. Pero advierte que solos no podrán hacerlo y les da un toque nada retórico a los que se escaquean en sus obligaciones. “En un mundo donde las amenazas son difusas y las misiones complejas, los Estados Unidos no pueden actuar solos. Esto es lo que pasa en Afganistán y ciertos Estados fallidos como Somalia. Los países de la OTAN y otros amigos y aliados asumen esta verdad y la demuestran en Afganistán, con su coraje. Pero hay otros muchos países que se desentienden del esfuerzo de aquellos que cooperan y se instalan en posiciones indeterminadas. Entiendo que la guerra no es popular, pero también sé esto otro: La creencia de que la paz es deseable no es suficiente para lograrla. La Paz requiere responsabilidad. La Paz implica sacrificio. Es por eso que la OTAN sigue siendo imprescindible.”
Seguramente aquellos que creían que Estados Unidos, a partir de Obama, renunciaba al liderazgo mundial, por aquello del multilateralismo, lo pueden tener claro si leen con atención la siguiente manifestación. “Y cuando nos enfrentamos a un enemigo depravado, que no se atiene a las normas, entiendo que Estados Unidos debe seguir siendo un abanderado en la conducción de la guerra.”
Ciertamente Obama, después de todos los argumentos que ha expuesto sobre las cuestiones de la guerra y la paz, se moja, y se atreve a anunciar las tres maneras en las que se puede construir una paz justa y duradera.
La primera norma tiene que ver con el incumplimiento de las leyes y las reglas internacionales.
“Los regímenes que rompan las reglas deberán rendir cuentas. Las sanciones deben exigir un precio real”. Y pone un ejemplo bien significativo: “el esfuerzo para evitar la propagación de las armas nucleares”. Luego se refiero al acuerdo de mediados del siglo pasado sobre no proliferación de armas nucleares, sobre el que advierte que sigue estando en vigor. “Estoy comprometido con la defensa de este tratado”. Y señala con el dedo acusador: “naciones como Irán y Corea del Norte no respetan las reglas de juego”. Y a los que se quedan de brazos cruzados simplemente de espectadores ante ese incumplimiento les dice. “Aquellos que buscan la paz no pueden permanecer de brazos cruzados cuando las naciones se arman para la guerra nuclear.”
La segunda norma tiene que ver con los derechos humanos
Esta cuestión la argumenta del siguiente modo. “La paz no es simplemente la ausencia de conflictos visibles. Sólo una paz justa basada en los derechos y la dignidad inherentes a cada individuo, puede ser verdaderamente duradera.” Atención a los matices del siguiente argumento. “Algunos países justifican la falta de respeto a los derechos humanos con el argumento de que esos principios son occidentales, ajenos a sus culturas locales.” Entiendo que Obama no está de acuerdo con esas teorías de que en nuestro mundo actual existen diversas civilizaciones que hay que respetar. Queda claro que en nuestro mundo sólo existe una civilización: la de los derechos humanos y las del respeto de las reglas internacionales. En ocasiones Obama llega a ser muy sutil para dejar caer ciertas advertencias. “La promoción de los derechos humanos no se puede hacer sólo haciendo exhortaciones sobre la paz. A veces, debe ir acompañada de [cierta] diplomacia laboriosa”. Claro que cada uno puede entender como le plazca lo de “diplomacia laboriosa”, pero creo que está clara la intención.
Y precisamente en el desarrollo de la segunda norma para alcanzar la paz justa y duradera, tiene un justo y oportuno recuerdo para otros importantes personajes, que en la reciente conmemoración del 20 aniversario del derribo del muro de Berlín, fueron tendenciosamente ignorados en los actos oficiales. “El compromiso del Papa Juan Pablo II con Polonia creó un espacio no sólo para la Iglesia Católica, pero también para los dirigentes sindicales, como Lech Walesa. Los esfuerzos de Ronald Reagan sobre el control de armamentos y el abrazo de la perestroika, no sólo propició la mejora de las relaciones con la Unión Soviética, sino que facilito la aparición de disidentes en toda Europa Oriental.”
La tercera y última norma anunciada por Obama tiene que ver con la miseria, la inseguridad económica, los derechos civiles y políticos
Es mucho el espacio que Obama dedica a esta importante cuestión. Entra en detalles que servirían como guía de principios para más de una enigmática ONG. Para no hacer demasiado extensa esta glosa del discurso de Obama, de entre todas destaco la siguiente. “La seguridad no existe donde los seres humanos no tienen acceso a suficientes alimentos o agua potable, o a las medicinas y la vivienda que necesitan para sobrevivir.”
El final lo reserva para denunciar la complicada situación de Oriente Medio. Se pueden encontrar algunas frases lapidarias. “La Guerra Santa no siempre puede ser una guerra justa. Y lo más peligroso, lo vemos en la forma en que la religión es utilizada para justificar el asesinato de inocentes por los que han distorsionado y contaminado la gran religión del Islam.”
Y para los idealistas empedernidos, un mensaje: “No tenemos que creer que la naturaleza humana es perfecta. Debemos creer que todavía puede mejorar. No debemos vivir en un mundo idealizado, sino en uno donde todavía quedan ideales alcanzables que lo conviertan en un mejor lugar.”
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martes, 20 de octubre de 2009
Barack Hussein Obama y sus dos grandes logros: Jack y Squat
Debe ser como reacción al empacho de la “operación correazo” al PP, perdón Gürtel, por lo que vuelvo a ocuparme del innoble premio de la paz otorgado a Obama. Me resulta menos estresante y más entretenido. Porque Obama es el tercer presidente de Estados Unidos de Norteamérica –se debe concretar, porque “estados unidos o desunidos” en América hay varios- que recibe el polémico “award”. Mi primera reacción ha sido la de comparar la ejecutoria de cada uno de los presidentes Norteamericanos galardonados, respecto de los méritos que amparan tal honor. Tanto la lista del primer galardonado, el republicano Theodore Roosevelt (1906), como la del segundo, el demócrata Thomas Woodrow Wilson (1919), están bien repletas de acciones, y sobre todo de intervenciones en Sudamérica. Mientras que la de Obama está vacía. Este es el gran misterio. Pero es lógico; no ha dado tiempo a que el último galardonado hiciera méritos. Según algunos mal pensados, no hacía falta.
Para empezar, debo descubrir que estoy hecho un lío con lo del Premio Nobel de la Paz. Según el testamento del sueco Alfred Nobel, este premio fue instituido para honrar y premiar “a la persona que haya trabajado más o mejor a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la promoción de procesos de paz”. Teóricamente está claro. Entiendo que lo que se premia es ejecutoria, hechos realizados verificables. Pero en el caso de Obama parece que se premia a las intenciones. Debe ser que como este premio se otorga en Oslo (Noruega), a diferencia de los otros premios que se entregan en Estocolmo (Suecia), los primeros tienen una “sensibilidad” especial.
Ciertamente, otorgar un premio, aunque sea a científicos cuyo currículos sean más o menos verificables por sus publicaciones y los correspondiente registros universitarios, siempre es difícil. Pero hay que reconocer que lo del Premio de la Paz tiene enjundia. Ya lo decía Cole, -el de la Historia del Pensamiento Socialista-: “ninguna idea o sistema importante puede ser definido exactamente”. No es que quiera justificar el desconcierto que produce la biografía de los galardonados a tal honor, La Paz, en los últimos años tan llenos de sobresaltos.
El Premio Nobel de la Paz empezó a otorgarse a partir de 1901 con el suizo Jean Henri Dunant, por sus trabajos en pro de la creación de la Cruz Roja. Desde entonces, hasta nuestros días, el Premios de la Paz ha quedado desierto una veintena de veces. La última vez que quedó desierto fue en 1972. Desde entonces hasta el de Obama, siempre se ha otorgado sin pausa. Nunca había habido un periodo tan largo de galardonados sin interrupción. ¿Quiere decir que en estos casi últimos 40 años proliferan los hombres –no hay mujeres en la lista- de paz? Mi madre decía que cuando se habla mucho de la paz es porque está cerca la guerra. La descripción en la historia de los Tratados de Paz abundan tanto como los de las Guerras. Van emparejados, y siempre después de la guerra de turno. Ya lo decía Napoleón “la primera virtud es la devoción a la patria”, y claro por la patria, todo, la muerte, la guerra.
Citas de grandes escritores o pensadores hay para toda ocasión. Pero resulta especialmente copioso el apartado dedicado a La Paz. La de Cicerón es paradigmática: “Si deseamos la paz, hemos de mantenernos bien armados. Si deponemos las armas nunca gozaremos de la paz”. En la misma línea se manifiesta Cervantes: “Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida”. Ciertamente la mayoría de las citas tienen este soniquete, o sea, “el imperio de la paz” de Napoleón III. O sea, siempre después de haber aniquilado al oponente. Así las cosas, estaríamos de acuerdo con Tácito: “Hacen un desierto y lo llaman paz”.
Es cierto, lo dicho más arriba destila pesimismo. También puede parecer un debate dialéctico contra la ministra Carme Chacón y sus misiones de paz. ¿Pero acaso tenemos motivos para estar optimistas después de un siglo XX como el que acabamos de dejar, y comprobar que el que ahora hemos inaugurado es más que inquietante? ¿Alguien sabe cuántos conflictos armados –lenguaje de la ONU- hay en estos momentos en el mundo? Las diferentes estadísticas, sean oficiales o de ONG, no se ponen de acuerdo. Pero son muchos. También son muchas las dictaduras que se sientan en las comisiones de derechos humanos de la ONU, incluso, en su riguroso turno, las presiden.
Es posible que todo lo anterior sea un circunloquio que hago para poder entender la coherencia de los currículos de los primeros presidentes norteamericanos galardonados, más arriba citados, y la naturaleza del galardón. Roosevelt, el gran “rough rider” –nombre del 1er Regimiento de Caballería Voluntarios durante la guerra Hispano-Estadounidense-, el conquistador de Guantánamo, intervencionista en Sudamérica, cuando convenía, el gran acusador a España por lo del Maine, que le dio gran popularidad para ser elegido. Quiero decir, con admiración, que Roosevelt ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido Estados Unidos de Norteamérica para sus intereses y crecimiento, por tantas y tantas cosas que no cito, pero que son conocidas, como es el caso de la creación de los grandes parques nacionales, que tantos imitadores ha tenido por todo el mundo.
Y qué decir de Wilson, otro gran intervencionista –otros los llaman imperialistas-, con su ciertamente característico espíritu wilsioniano de política exterior, que propugnaba apoyar, en los países “clave” para Estados Unidos, aquellos gobiernos catalogados como “buenos”. Su intervención en Sudamérica fue notoria; invadió México, Haití, la República Dominicana, que estuvo a punto de ser anexionada. Implantó la Ley Seca y la jornada de 8 horas de trabajo, gran cosa. Aunque algo tarde, su decisión de “intervenir” en la Primera Guerra Mundial fue ciertamente determinante para alcanzar la Paz de Versalles, como dije más arriba, los tratados de paz siempre después de una Gran Guerra.
También le acreditan sus famosos 14 puntos de la “paz americana”, entre los que estaban el germen de la creación de la Liga de la Naciones, antecedente de la Sociedad de Naciones, antecedente de las Naciones Unidas, que desgraciadamente habría que refundir nuevamente, dada la, en mi opinión, inutilidad en la que ha degenerado la ONU después de la Segunda Guerra Mundial. En este caso, en Wilson, bien hallado el galardón, incluso con sus claro obscuros. Evidentemente, en la ocasión de Wilson, el Comité del Nobel de la Paz en Noruega no premiaba futuribles, como ha sido el caso de Obama.
Entre las distintas fuentes de información que utilizo para mantenerme informado de lo que pasa y se dice en tan, para mí, interesante y admirado país, está una publicación digital que se llama Personal Liberty Alerts, que dirige Bob Livingston. Puntualmente, una o dos veces por semana, recibo una crónica ilustrativa y clarificadora de los acontecimientos que los medios tradicionales, de afinidad demócrata o republicana, nos cuentan a su aire. En esta ocasión quiero glosar una artículo titulado Innoble Barack’s Award, firmado por Chip Wood, un acreditado editor de libros sobre temas de rabiosa actualidad como es el caso de Crisis Investing.
Para arrancar con su artículo, Chip Wood aprovecha la parodia que hizo el actor Fred Armisen en un conocido programa sketch llamado “Saturday Night Live (SNL)”, precisamente 3 días antes del otorgamiento. Wood transcribe parte del sketch con cierto detalle, en un tono mezcla de humor ácido y cinismo, aunque también es posible encontrar el video en Youtube, entre otros miles de videos semejantes, todos muy críticos, sobre Obama.
Aparece el actor Armisen travestido de Obama dando uno de sus sobrios discursos delante del público americano, donde decía, más o menos: “Son los de derechas las enojadas. Creen que estoy convirtiendo a este gran país en algo que se asemeja a la Unión Soviética o la Alemania Nazi. Pero eso no es verdad.” Mientras hablaba el clon de Obama salía en una pantalla virtual una lista móvil de promesas tales como: el calentamiento global, la reforma migratoria, los homosexuales en el ejercito, los límites del poder de los ejecutivos, la tortura de presos, el cierre de Guantánamo, la retirada de Irak, la reforma sanitaria, y así sucesivamente.
Entre tanto Armisen se preguntaba “¿Qué ha hecho nuestro presidente para merecer ese Premio Nobel de la Paz después de casi un año?” Contesta Armisen travestido de Obama, ¡Nada! Pero recuerden, continua Armisen, o sea, Obama, “Yo puedo hacer lo que quiera. Tengo mayoría en las dos Cámaras del Congreso. Yo podría hacer obligatorio que todos los homosexuales se casasen y exigir que todos los coches funcionen con marihuana, ¿no? ¡NO!” Luego Armisen se quedó mirando su lista en la que aparecen dos nuevos logros, dos palabras, y dice: “Pero mirando atentamente esta lista veo aquí dos grandes logros: ¡Jack & Squat! Así terminó el sketch de Fred.
Ante este final me quedé como cuando te cuentan un chiste en inglés, con abundantes palabras slang; no entendí nada. Me pregunté, ¿dónde está la gracia? Me acordé que Google no suele defraudar y busqué uno de esos diccionarios urbanos que se ofrecen en la web. Ahí estuvo la solución. Los dos logros que el clon de Obama encontró, Jack & Squat, significan, precisamente, ¡nada! Es como cuando nosotros decimos: quien tiene un tío en la Habana, ni tiene tío ni tiene nà.
Entrando en materia, dice Wood, de su cosecha, que el reglamento del Comité Nobel exige que todas las candidaturas deben estar entregadas antes de 1 de febrero. Si esto es así, quiere decir que Obama fue nominado tan sólo 12 días después de que jurara el cargo de presidente. Esto no parece razonable, por lo que Wood se pregunta “¿es que alguien se cree que esto fue lo que sucedió en realidad?”. A lo que Wood contesta imaginando una situación que le parece evidente: “El Comité Nobel rompió sus propias reglas para dar a Obama el premio”. A lo que abunda imaginándose que alguien del Comité noruego gritó que hay que respetar el reglamento, a lo que el que dirige el cotarro contestó: “No necesitamos de esas pestilentes reglas”.
Lo que sugiere Chip Wood es que cuando los elitistas de la izquierda internacional quieren honrar a uno de los suyos pueden prescindir de “esas pestilentes reglas”. Evidentemente Wood está muy irritado, no tanto con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Obama, como que lo haya aceptado, sin fundamento.
Después de seguir divagando descargando sus iras sobre la izquierda internacional que reconoce a los suyos, afirma, “El hecho puro y simple es que la selección de este año fue manipulada. Y está lejos de que esta haya sido la primera vez que prostituyen la noble idea de un premio de la paz, tan solo para servir a las innobles ambiciones de la izquierda”.
Para reforzar sus argumentos Wood hace un repaso de algunos de los escandalosos casos de otorgamiento de Nobel de la Paz de años recientes. “¿Recuerdan cuando en 1994 el Comité del Nobel otorgó tal honor a un ladrón, a un asesino, como fue Yasir Arafat?” Y se pregunta, “¿cómo es posible darle un premio de la paz al padre del terrorismo moderno?” Afirma Wood que un personaje de ese jaez, en un mundo cuerdo, habría sido juzgado. “En cambio, fue un visitante asiduo de la Casa Blanca, en la etapa de Bill Clinton, entre todos los líderes del mundo. ¡Qué farsa!”
Luego Wood nos zarandea para que recordemos el caso del otorgamiento del año 1973, cuando el premio fue compartido entre el secretario de Estado Henry Kissinger y el primer ministro de Vietnam del Norte Le Duc Tho, con el fundamento de los acuerdos de paz de Vietnam. Wood espeta a sus lectores preguntándoles si recuerdan como definían los comunistas el concepto de paz: “cuando toda oposición ha sido eliminada”. Esta es una frase que hace pensar en la guerra, con las armas dialécticas de la corrupción, entre el PSOE-Gobierno y oposición-PP. Continúo después de esta digresión. Y sigue Wood echando leña a la memoria: “Kissinger y su pandilla se aseguraron de eliminar toda oposición para que el poder comunista lo tomara en Vietnam del Sur. ¡Bien hecho, señor Secretario!”
Ahora Wood pasa a opinar sobre el escandaloso caso de Al Gore. Estamos en los premios Nobel de la Paz del año 2007. El párrafo que dedica a este caso es tan denso que lo mejor es que lo reproduzca integro. “No hace falta ser un asesino en masa; basta con abrir una puerta para ser honrado por el Comité Nobel. A menudo es suficiente con demostrar una devoción servil a la extrema izquierda. ¿Cómo se puede explicar la elección del ex Vicepresidente Al Gore? Incluso aunque admitiéramos todo ese pastiche de ciencia amañada deliberadamente llamado “An inconvenient Truth!”, ¿se puede afirmar con honestidad que se mereció el Premio Nobel de la Paz?
Después de la anterior andanada, Wood se despide de este modo: “Bueno, está bien, lo admito. Al Gore trabajó más para ganar que nuestro Teleprompter-en-Jefe. Hay que admitir que, a veces, los ‘liberales’ lo hacen bien.”
Como es sabido en Estados Unidos de Norteamérica, a su extrema izquierda –nada equivalente a la de aquí- , por esos extraños juegos del significado de las palabras cuando atraviesan fronteras y océanos, les llaman liberales. Es como decir que anverso y reverso son iguales.
Con este segundo y largo post sobre el innoble premio Nobel del año 2009, creo que tengo agotada la veta, por lo que espero volver sobre el intrigante asunto del “desarrollo sostenido” con dinero público, aunque en vista del escaso apoyo que ZP ha cosechado, incluso entre sus fuerzas sindicales más fieles, es posible que el asunto se muera antes de haber nacido.
Para empezar, debo descubrir que estoy hecho un lío con lo del Premio Nobel de la Paz. Según el testamento del sueco Alfred Nobel, este premio fue instituido para honrar y premiar “a la persona que haya trabajado más o mejor a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la promoción de procesos de paz”. Teóricamente está claro. Entiendo que lo que se premia es ejecutoria, hechos realizados verificables. Pero en el caso de Obama parece que se premia a las intenciones. Debe ser que como este premio se otorga en Oslo (Noruega), a diferencia de los otros premios que se entregan en Estocolmo (Suecia), los primeros tienen una “sensibilidad” especial.
Ciertamente, otorgar un premio, aunque sea a científicos cuyo currículos sean más o menos verificables por sus publicaciones y los correspondiente registros universitarios, siempre es difícil. Pero hay que reconocer que lo del Premio de la Paz tiene enjundia. Ya lo decía Cole, -el de la Historia del Pensamiento Socialista-: “ninguna idea o sistema importante puede ser definido exactamente”. No es que quiera justificar el desconcierto que produce la biografía de los galardonados a tal honor, La Paz, en los últimos años tan llenos de sobresaltos.
El Premio Nobel de la Paz empezó a otorgarse a partir de 1901 con el suizo Jean Henri Dunant, por sus trabajos en pro de la creación de la Cruz Roja. Desde entonces, hasta nuestros días, el Premios de la Paz ha quedado desierto una veintena de veces. La última vez que quedó desierto fue en 1972. Desde entonces hasta el de Obama, siempre se ha otorgado sin pausa. Nunca había habido un periodo tan largo de galardonados sin interrupción. ¿Quiere decir que en estos casi últimos 40 años proliferan los hombres –no hay mujeres en la lista- de paz? Mi madre decía que cuando se habla mucho de la paz es porque está cerca la guerra. La descripción en la historia de los Tratados de Paz abundan tanto como los de las Guerras. Van emparejados, y siempre después de la guerra de turno. Ya lo decía Napoleón “la primera virtud es la devoción a la patria”, y claro por la patria, todo, la muerte, la guerra.
Citas de grandes escritores o pensadores hay para toda ocasión. Pero resulta especialmente copioso el apartado dedicado a La Paz. La de Cicerón es paradigmática: “Si deseamos la paz, hemos de mantenernos bien armados. Si deponemos las armas nunca gozaremos de la paz”. En la misma línea se manifiesta Cervantes: “Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida”. Ciertamente la mayoría de las citas tienen este soniquete, o sea, “el imperio de la paz” de Napoleón III. O sea, siempre después de haber aniquilado al oponente. Así las cosas, estaríamos de acuerdo con Tácito: “Hacen un desierto y lo llaman paz”.
Es cierto, lo dicho más arriba destila pesimismo. También puede parecer un debate dialéctico contra la ministra Carme Chacón y sus misiones de paz. ¿Pero acaso tenemos motivos para estar optimistas después de un siglo XX como el que acabamos de dejar, y comprobar que el que ahora hemos inaugurado es más que inquietante? ¿Alguien sabe cuántos conflictos armados –lenguaje de la ONU- hay en estos momentos en el mundo? Las diferentes estadísticas, sean oficiales o de ONG, no se ponen de acuerdo. Pero son muchos. También son muchas las dictaduras que se sientan en las comisiones de derechos humanos de la ONU, incluso, en su riguroso turno, las presiden.
Es posible que todo lo anterior sea un circunloquio que hago para poder entender la coherencia de los currículos de los primeros presidentes norteamericanos galardonados, más arriba citados, y la naturaleza del galardón. Roosevelt, el gran “rough rider” –nombre del 1er Regimiento de Caballería Voluntarios durante la guerra Hispano-Estadounidense-, el conquistador de Guantánamo, intervencionista en Sudamérica, cuando convenía, el gran acusador a España por lo del Maine, que le dio gran popularidad para ser elegido. Quiero decir, con admiración, que Roosevelt ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido Estados Unidos de Norteamérica para sus intereses y crecimiento, por tantas y tantas cosas que no cito, pero que son conocidas, como es el caso de la creación de los grandes parques nacionales, que tantos imitadores ha tenido por todo el mundo.
Y qué decir de Wilson, otro gran intervencionista –otros los llaman imperialistas-, con su ciertamente característico espíritu wilsioniano de política exterior, que propugnaba apoyar, en los países “clave” para Estados Unidos, aquellos gobiernos catalogados como “buenos”. Su intervención en Sudamérica fue notoria; invadió México, Haití, la República Dominicana, que estuvo a punto de ser anexionada. Implantó la Ley Seca y la jornada de 8 horas de trabajo, gran cosa. Aunque algo tarde, su decisión de “intervenir” en la Primera Guerra Mundial fue ciertamente determinante para alcanzar la Paz de Versalles, como dije más arriba, los tratados de paz siempre después de una Gran Guerra.
También le acreditan sus famosos 14 puntos de la “paz americana”, entre los que estaban el germen de la creación de la Liga de la Naciones, antecedente de la Sociedad de Naciones, antecedente de las Naciones Unidas, que desgraciadamente habría que refundir nuevamente, dada la, en mi opinión, inutilidad en la que ha degenerado la ONU después de la Segunda Guerra Mundial. En este caso, en Wilson, bien hallado el galardón, incluso con sus claro obscuros. Evidentemente, en la ocasión de Wilson, el Comité del Nobel de la Paz en Noruega no premiaba futuribles, como ha sido el caso de Obama.
Entre las distintas fuentes de información que utilizo para mantenerme informado de lo que pasa y se dice en tan, para mí, interesante y admirado país, está una publicación digital que se llama Personal Liberty Alerts, que dirige Bob Livingston. Puntualmente, una o dos veces por semana, recibo una crónica ilustrativa y clarificadora de los acontecimientos que los medios tradicionales, de afinidad demócrata o republicana, nos cuentan a su aire. En esta ocasión quiero glosar una artículo titulado Innoble Barack’s Award, firmado por Chip Wood, un acreditado editor de libros sobre temas de rabiosa actualidad como es el caso de Crisis Investing.
Para arrancar con su artículo, Chip Wood aprovecha la parodia que hizo el actor Fred Armisen en un conocido programa sketch llamado “Saturday Night Live (SNL)”, precisamente 3 días antes del otorgamiento. Wood transcribe parte del sketch con cierto detalle, en un tono mezcla de humor ácido y cinismo, aunque también es posible encontrar el video en Youtube, entre otros miles de videos semejantes, todos muy críticos, sobre Obama.
Aparece el actor Armisen travestido de Obama dando uno de sus sobrios discursos delante del público americano, donde decía, más o menos: “Son los de derechas las enojadas. Creen que estoy convirtiendo a este gran país en algo que se asemeja a la Unión Soviética o la Alemania Nazi. Pero eso no es verdad.” Mientras hablaba el clon de Obama salía en una pantalla virtual una lista móvil de promesas tales como: el calentamiento global, la reforma migratoria, los homosexuales en el ejercito, los límites del poder de los ejecutivos, la tortura de presos, el cierre de Guantánamo, la retirada de Irak, la reforma sanitaria, y así sucesivamente.
Entre tanto Armisen se preguntaba “¿Qué ha hecho nuestro presidente para merecer ese Premio Nobel de la Paz después de casi un año?” Contesta Armisen travestido de Obama, ¡Nada! Pero recuerden, continua Armisen, o sea, Obama, “Yo puedo hacer lo que quiera. Tengo mayoría en las dos Cámaras del Congreso. Yo podría hacer obligatorio que todos los homosexuales se casasen y exigir que todos los coches funcionen con marihuana, ¿no? ¡NO!” Luego Armisen se quedó mirando su lista en la que aparecen dos nuevos logros, dos palabras, y dice: “Pero mirando atentamente esta lista veo aquí dos grandes logros: ¡Jack & Squat! Así terminó el sketch de Fred.
Ante este final me quedé como cuando te cuentan un chiste en inglés, con abundantes palabras slang; no entendí nada. Me pregunté, ¿dónde está la gracia? Me acordé que Google no suele defraudar y busqué uno de esos diccionarios urbanos que se ofrecen en la web. Ahí estuvo la solución. Los dos logros que el clon de Obama encontró, Jack & Squat, significan, precisamente, ¡nada! Es como cuando nosotros decimos: quien tiene un tío en la Habana, ni tiene tío ni tiene nà.
Entrando en materia, dice Wood, de su cosecha, que el reglamento del Comité Nobel exige que todas las candidaturas deben estar entregadas antes de 1 de febrero. Si esto es así, quiere decir que Obama fue nominado tan sólo 12 días después de que jurara el cargo de presidente. Esto no parece razonable, por lo que Wood se pregunta “¿es que alguien se cree que esto fue lo que sucedió en realidad?”. A lo que Wood contesta imaginando una situación que le parece evidente: “El Comité Nobel rompió sus propias reglas para dar a Obama el premio”. A lo que abunda imaginándose que alguien del Comité noruego gritó que hay que respetar el reglamento, a lo que el que dirige el cotarro contestó: “No necesitamos de esas pestilentes reglas”.
Lo que sugiere Chip Wood es que cuando los elitistas de la izquierda internacional quieren honrar a uno de los suyos pueden prescindir de “esas pestilentes reglas”. Evidentemente Wood está muy irritado, no tanto con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Obama, como que lo haya aceptado, sin fundamento.
Después de seguir divagando descargando sus iras sobre la izquierda internacional que reconoce a los suyos, afirma, “El hecho puro y simple es que la selección de este año fue manipulada. Y está lejos de que esta haya sido la primera vez que prostituyen la noble idea de un premio de la paz, tan solo para servir a las innobles ambiciones de la izquierda”.
Para reforzar sus argumentos Wood hace un repaso de algunos de los escandalosos casos de otorgamiento de Nobel de la Paz de años recientes. “¿Recuerdan cuando en 1994 el Comité del Nobel otorgó tal honor a un ladrón, a un asesino, como fue Yasir Arafat?” Y se pregunta, “¿cómo es posible darle un premio de la paz al padre del terrorismo moderno?” Afirma Wood que un personaje de ese jaez, en un mundo cuerdo, habría sido juzgado. “En cambio, fue un visitante asiduo de la Casa Blanca, en la etapa de Bill Clinton, entre todos los líderes del mundo. ¡Qué farsa!”
Luego Wood nos zarandea para que recordemos el caso del otorgamiento del año 1973, cuando el premio fue compartido entre el secretario de Estado Henry Kissinger y el primer ministro de Vietnam del Norte Le Duc Tho, con el fundamento de los acuerdos de paz de Vietnam. Wood espeta a sus lectores preguntándoles si recuerdan como definían los comunistas el concepto de paz: “cuando toda oposición ha sido eliminada”. Esta es una frase que hace pensar en la guerra, con las armas dialécticas de la corrupción, entre el PSOE-Gobierno y oposición-PP. Continúo después de esta digresión. Y sigue Wood echando leña a la memoria: “Kissinger y su pandilla se aseguraron de eliminar toda oposición para que el poder comunista lo tomara en Vietnam del Sur. ¡Bien hecho, señor Secretario!”
Ahora Wood pasa a opinar sobre el escandaloso caso de Al Gore. Estamos en los premios Nobel de la Paz del año 2007. El párrafo que dedica a este caso es tan denso que lo mejor es que lo reproduzca integro. “No hace falta ser un asesino en masa; basta con abrir una puerta para ser honrado por el Comité Nobel. A menudo es suficiente con demostrar una devoción servil a la extrema izquierda. ¿Cómo se puede explicar la elección del ex Vicepresidente Al Gore? Incluso aunque admitiéramos todo ese pastiche de ciencia amañada deliberadamente llamado “An inconvenient Truth!”, ¿se puede afirmar con honestidad que se mereció el Premio Nobel de la Paz?
Después de la anterior andanada, Wood se despide de este modo: “Bueno, está bien, lo admito. Al Gore trabajó más para ganar que nuestro Teleprompter-en-Jefe. Hay que admitir que, a veces, los ‘liberales’ lo hacen bien.”
Como es sabido en Estados Unidos de Norteamérica, a su extrema izquierda –nada equivalente a la de aquí- , por esos extraños juegos del significado de las palabras cuando atraviesan fronteras y océanos, les llaman liberales. Es como decir que anverso y reverso son iguales.
Con este segundo y largo post sobre el innoble premio Nobel del año 2009, creo que tengo agotada la veta, por lo que espero volver sobre el intrigante asunto del “desarrollo sostenido” con dinero público, aunque en vista del escaso apoyo que ZP ha cosechado, incluso entre sus fuerzas sindicales más fieles, es posible que el asunto se muera antes de haber nacido.
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